Los aranceles impulsados por Donald Trump han encarecido la entrada de vehículos extranjeros en Estados Unidos, pero todavía no han provocado el regreso masivo de la producción que esperaba la Administración. Las grandes automovilísticas siguen evitando la construcción de nuevas fábricas en el país.
Para la mayoría de los fabricantes, asumir el coste de los gravámenes continúa siendo una opción menos arriesgada que invertir miles de millones de dólares en centros productivos que necesitarían años para entrar en funcionamiento.
Toyota representa una de las pocas excepciones. La compañía invertirá 3.600 millones de dólares para ampliar su planta de San Antonio, Texas, y trasladar allí parte de la producción de la camioneta Tacoma que actualmente se realiza en México.
Toyota amplía su planta de Texas
La inversión permitirá construir una segunda línea de ensamblaje y ampliar las instalaciones en unos 232.000 metros cuadrados. El proyecto duplicará el tamaño de la planta y generará alrededor de 2.000 empleos antes de 2030.
La fábrica de San Antonio, que actualmente produce los modelos Tundra y Sequoia, incorporará capacidad para ensamblar alrededor de 150.000 unidades anuales de la Tacoma. Parte de la producción continuará en Guanajuato, México.
Trump ha atribuido directamente la decisión de Toyota a su política comercial. «Los aranceles funcionan», aseguró el presidente estadounidense después de conocerse el traslado parcial de la producción. La compañía, sin embargo, no ha señalado los gravámenes como la única razón de su inversión.
Toyota sostiene que sus decisiones industriales responden a estrategias de largo plazo, al crecimiento de la demanda y a la necesidad de aumentar su capacidad productiva en Estados Unidos. La compañía registra uno de los niveles de utilización de fábricas más elevados del sector en Norteamérica.
El movimiento tampoco implica la salida de Toyota de México. La empresa mantendrá activa su planta de Guanajuato y ha reafirmado su compromiso con las operaciones que desarrolla en los tres países norteamericanos.
El sector evita construir desde cero
La decisión de Toyota no refleja, por ahora, una tendencia generalizada. Los fabricantes pueden trasladar modelos a instalaciones estadounidenses con capacidad disponible, pero construir una nueva fábrica exige un compromiso económico mucho mayor.
Estas instalaciones requieren varios años de planificación, permisos, obras y contratación. Cuando empiezan a producir, la política comercial que justificó la inversión puede haber cambiado, una incertidumbre que dificulta la aprobación de nuevos proyectos.
Los fabricantes también están pendientes de las futuras reglas comerciales entre Estados Unidos, México y Canadá. Las cadenas de suministro del automóvil están profundamente integradas y numerosas piezas cruzan varias veces las fronteras antes de que un vehículo quede terminado.
Las medidas arancelarias sí están obligando a las automovilísticas a revisar sus mapas de producción y a ampliar algunas fábricas estadounidenses ya operativas. Sin embargo, el sector continúa apostando principalmente por ajustes puntuales en lugar de levantar nuevas plantas desde cero.
El traslado parcial de la Tacoma permitirá a Toyota reducir su exposición a los gravámenes y responder al crecimiento de las ventas de camionetas en Estados Unidos. Pero, para el conjunto de la industria, pagar aranceles continúa siendo una alternativa más flexible que rediseñar toda su estructura productiva.
