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Toyota y Honda, los más expuestos al nuevo arancel de EE.UU. a Canadá

Toyota y Honda concentran la producción canadiense y asumirían el golpe del arancel del 50% propuesto por Washington.
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La subida arancelaria que prepara Estados Unidos contra los coches llegados de Canadá tiene un destinatario formal, Ottawa, y dos damnificados reales en Japón. Entre Toyota y Honda sale de las fábricas canadienses más del 75% de todo lo que allí se ensambla.

El gravamen pasaría del 25% actual al 50% y la fecha barajada para su entrada en vigor es el 1 de enero. Todavía cabe un pacto que lo evite. Si se aplica, varios analistas dan por hecho el cierre de parte de las cadenas de montaje que ambos grupos mantienen en el país.

Los números explican por qué son los más expuestos del sector. Honda vendió el año pasado en territorio estadounidense casi un 25% de unidades salidas de plantas canadienses; en el caso de Toyota, esa proporción fue del 17%, según cálculos de Barclays. Ningún otro gran fabricante depende tanto de ese eje.

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Modelos superventas en juego

«Si de verdad se quisiera destruir la industria automovilística canadiense, se podría con estos aranceles», sostiene Julie Boote, analista del sector del automóvil en Pelham Smithers Associates, en Londres. Las dos compañías han evitado pronunciarse.

Lo que cruza la frontera no es producción marginal. De Canadá salen hacia el mercado estadounidense el RAV4 y el CR-V, dos de los todoterrenos con más salida allí. El conjunto del sector canadiense ensambla cerca de 1,2 millones de vehículos al año y sostiene de forma indirecta alrededor de 427.000 puestos de trabajo.

La factura previa ya es abultada. Los aranceles estadounidenses restaron al grupo Toyota unos 1,4 billones de yenes, equivalentes a 8.800 millones de dólares, durante su último ejercicio fiscal.

Más fábricas en suelo estadounidense

La respuesta del primer fabricante mundial pasa por reforzar su presencia dentro de Estados Unidos. Comprometió el año pasado hasta 10.000 millones de dólares a cinco años, con una factoría de 3.600 millones en Texas que absorberá el ensamblaje de la Tacoma, hoy en Baja California.

La situación de Honda es más delicada, con un negocio de automoción en pérdidas. Uno de sus directivos ha condicionado la octava planta del grupo en Norteamérica a que se prorroguen las conversaciones sobre el T-MEC, el tratado que sustituyó al TLCAN de 1994 y que cumple seis años vigente.

Trump renunció el pasado 1 de julio a renovarlo y lo sometió a revisión anual, sin que las negociaciones se hayan roto. Esa indefinición ya llevó a Hyundai a aplazar decisiones de inversión.

Sin salida fácil para esa producción

El calendario complica aún más el cuadro. Los grupos japoneses libran una batalla de precios con los eléctricos chinos en el sudeste asiático, Europa y América Latina, mientras Estados Unidos sigue siendo su plaza principal y un mercado cerrado a competidores como BYD.

Colocar en otros países los coches hechos en Canadá tampoco resuelve nada: se fabrican según las normas y los gustos estadounidenses, y el resto de plantas apenas tiene capacidad libre. «Representaría un cambio importante con respecto al pasado», advierte Seiji Sugiura, analista sénior en el Laboratorio de Inteligencia Tokai, en Tokio.

Aguas abajo, la parálisis es total. Dos proveedores nipones admiten que no pueden planificar mientras la medida siga en el aire. «Estamos intentando no reaccionar de forma exagerada», resume uno de sus responsables.

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