El presidente estadounidense, Donald Trump, ha lanzado un órdago definitivo a su país vecino tras el colapso de las negociaciones bilaterales. A partir del 1 de enero de 2027, Estados Unidos planea imponer un arancel del 50% a todos los coches, camiones y piezas de automoción procedentes de Canadá.
Esta agresiva escalada arancelaria amenaza con destruir una de las cadenas de suministro más integradas y eficientes del planeta. La producción estadounidense depende vitalmente de estas piezas canadienses, por lo que el castigo encarecerá de forma drástica los costes de fabricación y el precio final para los consumidores.
El magnate justificó este duro golpe publicando un contundente mensaje en sus redes sociales, instando a las corporaciones a fabricar directamente dentro de sus fronteras. «¡Construyan en EE. UU. y habrá cero aranceles. Ya no trataremos a Canadá como a un estado más!», sentenció el mandatario, añadiendo que su país no necesita a los canadienses.
El fracaso de un pacto casi cerrado
El preacuerdo que voló por los aires el pasado viernes contemplaba una jugosa rebaja de los impuestos aduaneros. El documento proponía reducir los aranceles de automóviles y camiones ligeros del 25% al 15%, y recortar a la mitad las pesadas tasas fronterizas sobre el acero y el aluminio.
Sin embargo, las conversaciones encallaron abruptamente en los detalles más técnicos. El principal punto de fricción que dinamitó la mesa de negociación fue la negativa a aclarar si este alivio arancelario estadounidense se iba a aplicar también a los vehículos pesados y a los camiones de medio tonelaje.
Desde el Departamento del Tesoro, su secretario Scott Bessent ha instado al gobierno canadiense a regresar a la mesa para negociar «de buena fe». Un movimiento diplomático que busca rebajar el tono, aunque el daño estructural ya ha provocado una reducción del 22% en las importaciones canadienses de vehículos estadounidenses.
Desplome bursátil y escepticismo empresarial
El pánico a una ruptura logística provocó un castigo inmediato en los parqués internacionales. Las acciones de los gigantes de Detroit sufrieron notables caídas en Wall Street, con recortes del 3,6% para Ford, un 4,2% para Stellantis y un descenso del 1,6% en los títulos de General Motors.
Las marcas asiáticas con fuerte implantación norteamericana tampoco escaparon a esta sangría financiera. Las cotizaciones de Toyota y Honda retrocedieron un 1,5% y un 2,1% respectivamente, evidenciando el terror de los inversores ante una posible parálisis total del ensamblaje de vehículos.
Pese al ruido en bolsa, varios altos ejecutivos del sector mantienen cierto escepticismo y ven esta amenaza como una simple estrategia de presión electoral de cara a las legislativas de noviembre. Recuerdan que Trump ya amagó en enero con vetar los aviones Bombardier, una amenaza feroz que jamás llegó a materializarse tras obtener concesiones.
Canadá responde con represalias inminentes
El primer ministro canadiense, Mark Carney, ha endurecido su discurso advirtiendo que solo habrá un acuerdo si Washington respeta plenamente su soberanía. «Por supuesto que iremos a la mesa, pero cuando los estadounidenses se sienten primero con la actitud correcta y como verdaderos socios», remarcó el dirigente.
Lejos de achantarse, Ottawa ha pasado a la ofensiva comercial anunciando sus propios aranceles de represalia a partir del próximo 8 de septiembre. Este castigo directo responderá a los previos gravámenes del 50% que la Casa Blanca ya había ordenado sobre 20.000 millones de dólares en productos canadienses.
La tensión ha alcanzado tintes casi bélicos, con Carney afirmando sin rodeos que su país «ha sido atacado». Esta postura de máxima firmeza cuenta con el respaldo abrumador de la ciudadanía: según el Instituto Angus Reid, tres de cada cuatro canadienses aprueban la decisión de plantar cara y romper las negociaciones con Estados Unidos.
