En 1998 Audi lanzaba al mercado un deportivo con auténtica personalidad, el TT, un coupé de 2+2 plazas que si bien no se esperaba que pudiera alcanzar unos volúmenes de venta grandes, sí pretendía relanzar la imagen dinámica de la marca con un producto original y diferente. Ahora, diecisiete años después, llega esta tercera generación en la que se mantienen esas líneas tan características y sugerentes, pero con un diseño más actual y unos perfiles más refinados, aunque manteniendo el aspecto musculoso y atlético que siempre ha tenido. Eso en lo que se refiere al exterior, porque en el habitáculo la revolución es bastante más significativa.
Para empezar todo gira en torno al conductor, el verdadero protagonista de un vehículo pensado para disfrutar al volante. Y, por ello, se ha recurrido a un esquema minimalista, con un salpicadero limpio, donde toda la información va concentrada en el cuadro de instrumentos digital provisto de pantallas configurables, muy en la línea de los modernos coches de competición. También la zona de la consola central queda bastante despejada y los botones se han reducido al mínimo, pues la mayoría de operaciones se pueden realizar desde el propio volante multifunción. La única pega de todo esto es para el acompañante, que se convierte en un sujeto completamente pasivo, sin posibilidad de ver esos datos ni ajustar muchas de las funciones del vehículo.
Acabado impecable
Otras cosas que llaman la atención en el interior son su magnífica terminación, con materiales de gran calidad ajustados con esmero, y la recreación de un ambiente muy deportivo, donde destacan los confortables asientos que, además, recogen bien el cuerpo para que no se mueva en las zonas de curvas.
El volante achatado en la parte inferior y la palanca de cambios pegada a él contribuyen a crear esa atmósfera racing. Como contrapartida, hay que sacrificar la comodidad en determinados aspectos, por ejemplo, a la hora de entrar y salir del coche, ya que las butacas van en una posición muy baja, de nuevo para favorecer las sensaciones de conducción y mejorar el dinamismo del coche situando el centro de gravedad lo más pegado al suelo posible. Ni que decir tiene que esas dificultades se acentúan al acceder a la parte trasera, que está pensada únicamente para casos de emergencia o para llevar niños que no hayan iniciado el despegue en su crecimiento.