Mark Zuckerberg, consejero delegado de Meta, ha reconocido que la compañía ha cometido errores en su transformación interna alrededor de la inteligencia artificial (IA), según un memorando interno al que ha tenido acceso Reuters.
«Dada la complejidad de estos cambios, hemos cometido errores y casi seguro cometeremos más», señaló Mark Zuckerberg, consejero delegado de Meta, en el mensaje dirigido a la plantilla.
La declaración llega después de una reestructuración que incluyó el despido del 10% de la plantilla global y el traslado de 7.000 empleados a nuevas iniciativas vinculadas con flujos de trabajo impulsados por IA.
La presión interna
Mark Zuckerberg, consejero delegado de Meta, también afirmó que su prioridad pasa por ofrecer la mayor estabilidad posible dentro de la organización, aunque evitó prometer un escenario cerrado por la velocidad del cambio tecnológico.
El directivo trasladó a la plantilla que Meta no prevé nuevos despidos globales durante este año, una precisión relevante en plena reorganización de sus equipos técnicos y de producto.
La compañía intentará recolocar a parte del personal reasignado a tareas de entrenamiento de modelos de IA, después de que algunos cambios internos hayan generado tensión entre los equipos afectados.
Más inversión y menos capas
Meta mantiene una apuesta de gran escala por la inteligencia artificial, con fuertes inversiones en infraestructura, modelos y nuevos productos para competir con otros grandes actores tecnológicos.
La empresa también prepara más actividades de cohesión interna, con mayores presupuestos para encuentros corporativos y un gran hackathon en julio orientado a reforzar la colaboración entre áreas.
Además, Mark Zuckerberg, consejero delegado de Meta, admitió que la ampliación de las responsabilidades de supervisión de algunos mandos ha generado preocupación y señaló que la compañía reducirá esa práctica.
El coste humano de la IA
La reorganización de Meta muestra uno de los grandes dilemas de la nueva economía tecnológica: cómo financiar la carrera por la IA sin erosionar la confianza interna ni deteriorar la cultura corporativa.
El movimiento también confirma que la inteligencia artificial ya no afecta solo a los productos, sino también al diseño del empleo, la estructura de las empresas y el papel de los equipos en las grandes tecnológicas.
