Entre enero y junio de 2026, España compró bienes al país asiático por valor de 26.600 millones de euros, superando por primera vez los 26.017 millones facturados a Alemania. Este hito histórico rompe de golpe con décadas de liderazgo germano en nuestras importaciones.
El desequilibrio de la balanza es más que evidente: nuestro déficit comercial con Pekín escaló hasta los 22.599 millones en el primer semestre. Desde 2019, las compras al gigante asiático han crecido un brutal 72%, mientras que nuestras ventas allí apenas avanzaron un tímido 17,2%.
Más allá del bajo coste
Judith Arnal, investigadora de Fedea, asegura que esta tendencia del mercado es «inequívocamente estructural». Las fábricas asiáticas ya no compiten solo con manufacturas baratas, sino que lideran la carrera tecnológica en vehículos eléctricos, baterías y telecomunicaciones.
A este abrumador dominio innovador se suma la falta de demanda interna en su propio país. Raymond Torres, director de Coyuntura de Funcas, señala que la debilidad del consumo local empuja a las empresas chinas a volcar toda su capacidad productiva hacia el exterior.
Alerta en la cadena de suministro
Este cambio de cromos redibuja por completo la histórica integración industrial europea. Santiago Carbó, catedrático de Economía de CUNEF Universidad, advierte de que nuestras cadenas de suministro ahora dependen peligrosamente de proveedores totalmente extracomunitarios.
La verdadera amenaza para el país no es el déficit en sí, sino la vulnerabilidad extrema. Un reciente análisis de CaixaBank Research ha detectado hasta 46 productos críticos para España que resultan casi imposibles de sustituir a corto plazo sin recurrir a fábricas chinas.
Riesgo en la industria química
La exposición comercial va mucho más allá de los populares paneles solares. China controla en la actualidad el 100% de los fosfonatos orgánicos que importa España y más del 80% de los gases fluorados, elementos que resultan vitales para nuestra industria química.
Carme Poveda, directora de Análisis Económico de la Cambra de Comerç de Barcelona, señala vulnerabilidades alarmantes en automoción y electrónica. Todos los expertos coinciden en la receta: no hay que romper la baraja con Pekín, sino diversificar los mercados.
Falta de reciprocidad real
Mientras las plataformas chinas inundan el mercado europeo, a las empresas españolas les cuesta horrores vender allí. Raymond Torres recuerda que las agresivas barreras comerciales y una moneda infravalorada lastran enormemente las exportaciones de nuestras pymes.
Ante esta asimetría evidente, la CEOE exige implementar una mayor seguridad jurídica y proteger la propiedad intelectual para equilibrar el terreno de juego. El gran reto europeo ya no es evitar comerciar con China, sino aprovechar su competitividad sin quedar atrapados en su red.
