China está moviendo ficha para proteger su mayor tesoro tecnológico. Las autoridades del país han mantenido reuniones a puerta cerrada durante el último mes con gigantes del sector como Alibaba, ByteDance y la emergente Z.ai. El objetivo de estos encuentros es claro: estudiar la posibilidad de restringir el acceso desde el extranjero a sus modelos de inteligencia artificial más avanzados (incluidos aquellos que todavía no han salido al mercado).
Esta maniobra confirma que Pekín ha comenzado a tratar esta tecnología como un activo crítico de seguridad nacional. Desde la irrupción del modelo «R1» de DeepSeek el año pasado, las alternativas chinas han ganado un terreno brutal a nivel mundial gracias a sus bajos costes y su alta capacidad. Cualquier límite a la exportación de estos productos podría sacudir los mercados globales e incrementar drásticamente la factura operativa para miles de empresas occidentales.
Penas de cárcel y bloqueo a la financiación
Las conversaciones (lideradas directamente por el Ministerio de Comercio chino) han puesto sobre la mesa medidas contundentes. Según fuentes cercanas al proceso, los funcionarios han planteado tipificar cualquier filtración o robo de tecnología propietaria como un delito bajo su estricta ley de seguridad nacional. El alcance del veto afectaría tanto a los sistemas de código cerrado como a las versiones de peso abierto (aquellas que permiten descargar y personalizar el motor base).
Pero el blindaje no se detiene en el código. Las autoridades también sopesan implementar nuevas barreras para decidir quién puede financiar a las «startups» locales. Aunque todavía se debate si estas restricciones se aplicarán solo a los desarrollos futuros, firmas como Alibaba (con su modelo «Qwen»), ByteDance (creadora de «Doubao») y Z.ai (cuyo «GLM-5.2» rivaliza con las alternativas de Silicon Valley a una fracción del precio) se encuentran en el centro de la diana regulatoria.
El miedo a «Mythos» y la respuesta geopolítica
Este movimiento de cierre de filas es un reflejo directo del pulso que mantiene con Estados Unidos. La administración de Donald Trump ya levantó un muro similar el pasado mes de junio al prohibir el acceso extranjero a los modelos «Fable» y «Mythos» de Anthropic. Precisamente, el Gobierno chino teme que la herramienta «Mythos» (diseñada para profesionales de la ciberseguridad) pueda ser utilizada por Washington para encontrar y explotar agujeros de seguridad en sus propios sistemas corporativos.
La tensión ya se está traduciendo en acciones ejecutivas sobre el terreno. Este mismo año, el Estado chino obligó a Meta a deshacer la compra de 2.000 millones de dólares sobre la «startup» local Manus. Además, el Ejecutivo ha endurecido las reglas para los inversores extranjeros y ha iniciado investigaciones sobre empresas chinas que han intentado trasladar su sede fuera de las fronteras (buscando frenar cualquier posible fuga de cerebros en el sector más estratégico de la década).
