EE. UU. aprueba nuevas sanciones económicas contra Irán pero evita el choque con China

El Tesoro lanza un asedio financiero contra Teherán, pero evita asfixiar a los bancos chinos para no romper el mercado.
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Donald Trump The White House

El mayor castigo financiero de la historia estadounidense indulta temporalmente a su principal rival comercial por miedo a un colapso global. Washington asume que bloquear de golpe a los gigantes bancarios asiáticos provocaría una onda expansiva inasumible para el propio sistema financiero internacional.

El secretario del Tesoro, Scott Bessent, ha confirmado el inicio de lo que califica como un auténtico «Día D» económico. La estrategia busca asfixiar a Irán mediante una ofensiva total contra sus conexiones financieras, extendiendo las restricciones a la aviación, el oro y la tecnología.

Esta nueva lista negra señala directamente a 60 individuos, entidades navieras y empresas menores radicadas en Emiratos Árabes, Singapur y Francia. Además, la Casa Blanca exige el cierre internacional definitivo del Bank Melli, la gran arteria estatal que oxigena al régimen persa.

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El fantasma de las tierras raras

El gobierno estadounidense evita disparar contra las grandes instituciones chinas acusadas de facilitar la venta del crudo iraní por puro pragmatismo. A solo un mes de la inminente cumbre entre Donald Trump y Xi Jinping, hay demasiados intereses comerciales en juego para forzar una ruptura.

Un choque frontal con Pekín amenazaría el frágil acuerdo que garantiza el suministro de tierras raras al tejido tecnológico de Occidente. Por ello, EE. UU. prefiere conceder un periodo de gracia para que las empresas corten lazos de forma paulatina, avisando de que nadie escapará de su alcance.

A pesar de esta enorme cautela con la banca, el cerco sí se ha cerrado con fuerza sobre los activos digitales de la República Islámica. Las autoridades estadounidenses ya han logrado congelar cerca de 500.000 millones en criptomonedas y han castigado a varias refinerías independientes de origen chino.

Teherán promete pasar al ataque

Lejos de mostrar debilidad, el gobierno iraní asegura que sus principales socios comerciales ignorarán la campaña de presión de Washington. El ministro de Economía, Ali Madanizadeh, ha elevado el tono advirtiendo de que su país tiene sus propias herramientas y ya no se limitará a jugar a la defensiva.

A través de la televisión estatal, Madanizadeh avisó a sus enemigos de que deben esperar un ataque inminente. La Guardia Revolucionaria respalda este órdago y promete asestar golpes devastadores contra los puntos de estrangulamiento energético mundiales si sus infraestructuras sufren daños.

El impacto logístico de estas amenazas es inmediato y ahoga el comercio marítimo diario. El tráfico en el estrecho de Ormuz, una vía por la que antes del conflicto pasaba una quinta parte del crudo mundial, está colapsando: este lunes solo transitaron dos buques, la cifra más baja desde mayo.

Mediación exprés desde Pakistán

Con la región asomada al abismo de un conflicto total, la diplomacia se mueve a contrarreloj. El jefe del Ejército pakistaní, Asim Munir, ha viajado a Irán en una misión mediadora sorpresa tras mantener una llamada telefónica secreta con Donald Trump para coordinar posturas.

El principal objetivo de Islamabad es resucitar el fallido memorando de junio para frenar en seco la escalada militar. Las autoridades pakistaníes definen el diálogo con el presidente iraní como bastante constructivo, centrándose especialmente en la necesidad urgente de reabrir el paso marítimo.

A pesar de estos intentos de mediación regional, la desconfianza sigue siendo máxima entre las dos potencias. Tras casi medio año de guerra y con miles de muertos, ninguna parte cede mientras persiste la gran incógnita sobre el estado real del programa nuclear iraní.

La factura electoral en Washington

En el plano doméstico, la persistente inflación de los precios energéticos se ha convertido en una losa muy pesada para Estados Unidos. El duro bloqueo naval encarece los combustibles en un momento crítico, a pocos meses de unas elecciones legislativas que se intuyen decisivas.

Este profundo desgaste político ya se refleja de forma contundente en todas las encuestas nacionales. El índice de aprobación ciudadana de Trump se ha hundido hasta un preocupante 33%, evidenciando que el altísimo coste económico de esta guerra está dinamitando la paciencia de sus propios votantes.

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