Las acciones de Intel se desplomaron un 28,58% el viernes, su mayor caída histórica en bolsa, después de que la compañía publicara unas previsiones para el cuarto trimestre muy por debajo de lo que esperaba el mercado.
La sacudida borró 12.000 millones de dólares del valor de la participación que el Gobierno de Estados Unidos acumula en la empresa, según publica TechCrunch.
Intel avisó de que espera ingresos de entre 15.000 y 16.000 millones de dólares en el cuarto trimestre, cuando los analistas anticipaban cerca de 17.000 millones.
Además, advirtió de que su margen bruto caerá del 43% al 37% y de que la intensidad inversora actual no dejará flujo de caja positivo.
El origen del problema está en un efecto colateral del boom de la inteligencia artificial: la IA consume memoria y otros componentes a gran escala, lo que dispara los precios de los PC y reduce la demanda.
Lip-Bu Tan, consejero delegado de Intel, lo explicó sin rodeos: «Nuestros clientes comenzaron a señalar una desaceleración en PC basada en los precios y la disponibilidad de memoria. Los precios de los sistemas han aumentado significativamente este año, presionando aún más unos presupuestos de TI ya limitados».
La única nota positiva llegó del negocio de centros de datos, cuyos ingresos crecieron un 78% respecto al mismo trimestre del año anterior.
Sin embargo, Intel tiene margen de maniobra limitado en ese frente hasta que amplíe la capacidad de sus fábricas y capte más clientes externos, compitiendo con TSMC. Una de sus nuevas plantas en Arizona ya está operativa, pero la siguiente no se espera hasta 2028.
El derrumbe de Intel arrastró a todo el sector. El índice de semiconductores de Filadelfia retrocedió un 7,20%, con caídas superiores al 10% en AMD y Marvell.
Nvidia, que también tiene una participación relevante en Intel, cedió un 4,22%. El Nasdaq cerró con una bajada del 2,86% y acumuló en octubre su peor mes desde marzo de 2025.
Las turbulencias se extendieron a Asia y Europa. Los índices japonés Nikkei y surcoreano Kospi perdieron un 2% y un 3,5%, respectivamente. SK Hynix se dejó un 7% y Samsung Electronics, un 3%. En Europa, empresas de semiconductores como ASML, Infineon o STMicroelectronics registraron caídas que rondaron o superaron el 5%.
La temporada de resultados está redefiniendo las reglas del juego para las tecnológicas. Como señalaron los analistas de Tressis, «el ajuste refleja una mayor exigencia de los inversores sobre la capacidad de las empresas para convertir sus inversiones tecnológicas en beneficios y generación de caja».
Crecer ya no basta: el mercado exige ahora que ese crecimiento se traduzca en caja real.
