El BCE limita el impacto laboral de la IA

El BCE apunta a una adopción de IA con más productividad en Europa y un efecto laboral todavía contenido en Estados Unidos.
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El Banco Central Europeo (BCE) rebaja, por ahora, el temor a una sustitución masiva de trabajadores por inteligencia artificial. Un estudio de la institución concluye que las empresas que adoptan estas tecnologías en la Unión Europea son más productivas, sin que se observe un reemplazo de empleo a corto plazo.

El análisis sitúa la productividad empresarial como el primer efecto visible de la IA. La evidencia citada por el BCE apunta a que las compañías europeas que incorporan estas herramientas elevan su capacidad productiva, sobre todo por una mayor inversión en capital, datos y capacidades tecnológicas.

La institución también señala que las empresas europeas con un nivel elevado de adopción e inversión en IA son más proclives a contratar personal adicional. Isabella Moder y Til Pommer, economistas del BCE, sostienen que la tecnología todavía convive con la creación de empleo en las firmas que más la integran.

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Productividad sin sustitución

El contraste aparece en Estados Unidos, donde los efectos sobre algunas ocupaciones ya resultan más visibles. El BCE explica que el mercado laboral estadounidense ofrece señales tempranas porque las empresas han adoptado antes estas tecnologías y porque su estructura laboral facilita una reasignación más rápida.

Entre 2019 y 2025, el empleo en profesiones con alto riesgo de sustitución por IA, como economistas o diseñadores gráficos, cayó de media más de un 4%. En cambio, los puestos con menor riesgo, como electricistas o docentes de secundaria, crecieron un 13% en el mismo periodo.

Esa diferencia ha modificado la composición del empleo en Estados Unidos. La cuota de trabajos con bajo riesgo de sustitución pasó del 23% al 25%, mientras que los puestos con alto riesgo bajaron del 35% al 33%. El BCE interpreta estos datos como una señal de reasignación laboral, más que como una destrucción agregada de empleo.

El empleo se mueve, los salarios no

El estudio también apunta que el impacto de la IA se ha acelerado desde el lanzamiento de ChatGPT a finales de 2022. Desde entonces, las herramientas generativas han ampliado su presencia en tareas de análisis, diseño, redacción, atención al cliente, programación y gestión documental.

Pese a esa expansión, el BCE no observa todavía un efecto significativo sobre los salarios. «El riesgo de sustitución por inteligencia artificial no ha tenido un impacto significativo en el crecimiento salarial desde 2019», señala la institución en su análisis sobre el mercado laboral estadounidense.

La lectura del BCE introduce un matiz relevante para empresas y responsables públicos. La IA no opera como una fuerza homogénea. Su efecto depende del tipo de ocupación, del nivel de cualificación, de la edad laboral, de la capacidad de adaptación de las compañías y de la inversión en formación.

Una transformación todavía abierta

El informe evita una conclusión definitiva. El BCE reconoce que medir el impacto de la IA en esta fase resulta complejo, porque la tecnología todavía se encuentra en una etapa de adopción desigual. Además, los efectos pueden ser más intensos cuando las herramientas generativas se integren con más profundidad en procesos de negocio.

La clave para las empresas estará en convertir la IA en una palanca de productividad, no solo en una herramienta de reducción de costes. La evidencia europea apunta, por ahora, a un escenario en el que la inversión tecnológica puede elevar el rendimiento sin traducirse de forma automática en destrucción de empleo.

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