El conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán ya ha generado un coste de al menos 25.000 millones de dólares para compañías de todo el mundo, según Reuters. La cifra procede de comunicados corporativos de empresas cotizadas en Estados Unidos, Europa y Asia.
El impacto se concentra en energía, transporte, materias primas y cadenas de suministro. Reuters señala que la presión sobre el estrecho de Ormuz ha encarecido el petróleo, tensionado las rutas comerciales y obligado a muchas compañías a revisar costes, márgenes y previsiones.
Al menos 279 empresas han citado la guerra como detonante de medidas defensivas. Entre ellas figuran subidas de precios, recortes de producción, suspensión de dividendos, pausas en recompras de acciones, permisos temporales de empleo, recargos por combustible y solicitudes de apoyo público.
La energía vuelve a marcar el tablero
El golpe empresarial llega por una vía conocida: el coste energético. La subida del petróleo y del gas eleva el precio del transporte, encarece la fabricación y comprime los márgenes de sectores que ya venían de varios años de volatilidad por la pandemia, la guerra de Ucrania y la crisis del mar Rojo.
Oilprice, citando el análisis de Reuters, recoge que el barril de Brent superó los 111 dólares este lunes, mientras el West Texas Intermediate se movía por encima de los 107 dólares. Esa tensión refleja el temor del mercado a nuevos problemas de suministro en Oriente Medio.
El problema no se limita al precio del crudo. Las empresas afrontan seguros más caros, desvíos logísticos, retrasos en entregas y mayor coste financiero. Para muchas compañías, el daño no aparece de golpe en la cuenta de resultados, sino en una erosión progresiva de márgenes durante el segundo semestre.
Aerolíneas, consumo e industria
Reuters sitúa a las aerolíneas entre los sectores más afectados, con cerca de 15.000 millones de dólares del coste total estimado. El combustible, los desvíos de rutas y la reducción de vuelos explican una parte central del golpe.
El impacto también alcanza a compañías de consumo e industria. Empresas como Whirlpool, Procter & Gamble, Toyota y McDonald’s, que operan con cadenas globales expuestas a energía, transporte, materias primas y cambios de demanda, se han visto afectadas.
La presión llega en un momento delicado para los consumidores. Si las empresas trasladan parte de estos costes a precios, el conflicto puede alimentar una nueva ronda de inflación importada, especialmente en Europa y Asia, regiones más dependientes de la energía procedente de Oriente Medio.
