La Copa del Mundo 2026 promete ser más que un evento deportivo. Con sede en Estados Unidos, Canadá y México, este torneo reunirá a 48 selecciones y podría convertirse en un laboratorio global de riesgos, abarcando sostenibilidad, tecnología y seguridad.
Sergi Simón, asesor académico de EALDE Business School, subraya que este evento estará marcado por tensiones como el cambio climático y la hiperconectividad digital. El aumento de equipos y sedes incrementará tanto la complejidad operativa como la huella de carbono estimada en más de 9 millones de toneladas de CO₂.
El impacto del calor
Un riesgo importante será el calor extremo en ciudades como Miami o Houston, obligando a revisar calendarios deportivos y horarios de partidos. El asesor Simón destaca la urgencia de replantear la sostenibilidad de los eventos deportivos durante los meses de verano.
El uso de inteligencia artificial marcará un hito en la gestión del Mundial, aplicándose en el análisis táctico y gestión de infraestructuras. La FIFA implementará herramientas IA para mejorar rendimiento y seguridad.
Ciberseguridad y amenazas híbridas
El torneo de 2026 será un objetivo clave en seguridad internacional. Estados Unidos ha activado equipos de inteligencia para abordar amenazas híbridas, ciberseguridad y otras complicaciones geopolíticas. La seguridad abarcará más allá de los estadios, hacia el ámbito digital.
En cuanto a energía, la dependencia de redes eléctricas será crítica para la operación del torneo, con inversiones significativas en resiliencia. Cualquier fallo energético podría crear una crisis operativa global, según Simón.
Espejo de tensiones globales
La FIFA espera alcanzar récords de ingresos, pero el verdadero impacto del Mundial irá más allá del aspecto económico. Sergi Simón concluye que el torneo reflejará simultáneamente capacidades tecnológicas y vulnerabilidades globales del siglo XXI.
