El brutal encarecimiento de la gasolina ha provocado que el coste de la vida se dispare siete décimas en agosto, alcanzando el 4,3%. Este dato adelantado por el Instituto Nacional de Estadística (INE) sitúa la inflación en su nivel más alto desde febrero de 2023.
Se trata del segundo mes consecutivo de subidas interanuales, superando con creces la marca registrada durante julio. La causa directa de esta alarmante escalada económica es la grave crisis de suministro que están sufriendo los mercados energéticos a nivel global.
El impacto del conflicto en Irán
Seis meses después de que estallara la guerra en Irán, el sector sufre las graves consecuencias logísticas del cierre del estrecho de Ormuz. La paralización del tráfico marítimo en la zona y la destrucción de infraestructuras han dinamitado las cotizaciones internacionales del gas y el crudo.
Según detalla el Geoportal del Ministerio de Transición Ecológica, el litro de diésel ha subido más de 30 céntimos en solo dos meses, y la gasolina suma otros 20 céntimos. Esto ocurre pese a la rebaja excepcional del Impuesto de Hidrocarburos que el Gobierno mantiene vigente hasta septiembre.
Llenar el depósito cuesta 16 euros más
Para el conductor habitual, llenar un depósito estándar de gasóleo cuesta ahora hasta 16 euros más que al inicio del verano en la península y Baleares. La barrera psicológica de los precios ya se ha roto, con más de 200 estaciones de servicio vendiendo el diésel por encima de los dos euros el litro.
A la asfixia del motorista se suma el coste de la luz, impulsado por un gas natural que ha encarecido el mercado eléctrico mayorista un 20% este mes. Como nota positiva, de momento se evita el temido «efecto contagio»: la inflación subyacente baja una décima hasta el 2,9%, aislando al resto de productos básicos.
