El precio del petróleo ha alcanzado su nivel más alto del último mes y medio tras la reactivación de los ataques militares entre las fuerzas estadounidenses y el ejército de Irán. La cotización reacciona a la dura ofensiva de Washington, que golpeó un centenar de objetivos estratégicos bajo su nueva doctrina de «petrolero por petrolero».
A pesar de este intenso intercambio de misiles, el tráfico mercantil no se ha paralizado y cerca de 40 buques comerciales han logrado cruzar el estratégico estrecho de Ormuz. Trump ha rechazado volver a la mesa de negociaciones y asegura que el ejército norteamericano mantiene un control casi total sobre la zona.
Alarma en los bancos centrales
Esta agresiva escalada de los combustibles fósiles amenaza con desbaratar las previsiones macroeconómicas a nivel global. Ueda, gobernador del Banco de Japón, ha confirmado que seguirán subiendo los tipos de interés para intentar frenar el severo riesgo inflacionista que desata esta crisis energética.
La divisa nipona ha continuado operando bajo una inmensa presión frente a un dólar estadounidense ampliamente fortalecido por la incertidumbre. El mercado castiga al país asiático por su enorme dependencia exterior, enfocándose con preocupación en el sobrecoste que supondrán sus futuras importaciones.
Nueva Zelanda mueve ficha
Para combatir esta misma presión global, el Banco de la Reserva de Nueva Zelanda acaba de elevar sus tipos de interés en 25 puntos básicos. Breman, dirigente de la institución, ha dejado la puerta abierta a nuevas subidas para intentar doblegar un Índice de Precios al Consumo que resiste en el 4,1%.
La entidad oceánica confía en que esta política de endurecimiento progresivo logre estabilizar los precios generales de cara a mediados de 2027. Mientras tanto, la economía del país resiste el golpe gracias al consumo interno de los hogares, firmando un sólido avance del Producto Interior Bruto del 2,1% interanual.
