El rendimiento de los bonos soberanos a largo plazo se mantendrá enquistado en niveles históricamente altos por el grave deterioro fiscal del país. Washington choca contra un mercado saturado que exige mayores intereses para absorber la masiva emisión ininterrumpida de deuda.
Scott Bessent, secretario del Tesoro de Estados Unidos, enfrenta un desafío mayúsculo para intentar abaratar estos crecientes costes de financiación. El repunte crónico de las tasas refleja tanto el miedo a la inflación global como el brutal agujero estatal, que ya supera los 40 billones de dólares.
El cambio de perfil del comprador
Arif Husain, jefe de renta fija global en «T. Rowe Price», advierte que los inversores exigen un plan creíble contra el déficit antes de seguir prestando. Este problema de confianza se agrava porque el perfil tradicional del comprador de deuda pública ha mutado radicalmente durante las últimas dos décadas.
Hanno Lustig, profesor de finanzas en la Universidad de Stanford, detalla cómo los fondos de cobertura han sustituido gradualmente a los bancos centrales extranjeros. Este nuevo perfil de inversor es muchísimo más sensible al precio y reajusta la deuda estadounidense tratándola casi como un activo de riesgo.
La irrupción de la deuda corporativa
A este complejo desajuste estructural se suma la feroz competencia del sector privado, liderado por las corporaciones volcadas en la inteligencia artificial. Wall Street calcula que los gigantes tecnológicos gastarán más de 730.000 millones de dólares en infraestructuras a lo largo de este año.
Thierry Wizman, estratega global de la firma «Macquarie», señala que los inversores ahora prefieren la solidez crediticia corporativa frente a los títulos gubernamentales. Los fuertes flujos de caja y los espectaculares beneficios empresariales proyectan, paradójicamente, un ecosistema financiero mucho más seguro.
Inflación y estancamiento político
Las ganancias empresariales del índice «S&P 500» se dispararon un 52% en el segundo trimestre, acaparando un histórico 13,2% del PIB nacional. Ryan Swift, estratega de bonos en «BCA Research», recalca que esta enorme vulnerabilidad del Tesoro ante los desequilibrios de demanda lleva gestándose años.
Mike Goosay, director de inversiones de renta fija en «Principal Asset Management», sentencia que nadie en la esfera política tiene el coraje necesario para controlar la deuda. Todo ello, combinado con la presión inflacionista desatada por el conflicto en Irán, augura una prolongada asfixia en los costes de financiación.
