Ferrari ha presentado Luce, su primer coche 100% eléctrico, y el movimiento no ha dejado indiferente a nadie. El modelo nace con la colaboración de Jony Ive y Marc Newson, a través de LoveFrom, y abre una etapa inédita para la marca de Maranello.
El coche rompe con varios códigos históricos de Ferrari. Tiene cuatro puertas, cinco plazas y una carrocería tipo liftback, lejos de la silueta baja, agresiva y reconocible que muchos aficionados asocian a la firma italiana.
La polémica nace precisamente ahí: Luce no busca parecer un Ferrari tradicional. Su diseño apuesta por líneas limpias, superficies redondeadas y una presencia más cercana al lenguaje tecnológico que al imaginario clásico del superdeportivo.
La mano de Jony Ive
El interior concentra buena parte del relato. LoveFrom introduce una filosofía basada en claridad visual, mandos físicos, materiales mecanizados y una interfaz menos saturada de pantallas. Ferrari lo presenta como una unión entre exterior, habitáculo e interfaz.

Ese enfoque encaja con la trayectoria de Jony Ive, pero choca con la liturgia de Ferrari. Donde algunos ven precisión y reducción formal, otros ven una pérdida de carácter. El coche se ha comparado en redes con modelos eléctricos generalistas, una lectura incómoda para una marca construida sobre deseo, ruido y exclusividad.

Luce también llega con argumentos técnicos. El modelo ofrece más de 1.000 CV, cuatro motores eléctricos, batería de 122 kWh, carga rápida de hasta 350 kW y una velocidad máxima superior a los 310 km/h, según los datos publicados por medios especializados.
El lujo también cambia de forma
El precio refuerza su posición como objeto de élite. El coche parte de los 550.000 euros para Italia, mientras otras referencias internacionales hablan de unos 640.000 dólares. No es solo el primer Ferrari eléctrico: también quiere ser uno de los eléctricos más exclusivos del mercado.

La jugada es delicada. Ferrari necesita entrar en la electrificación sin diluir su capital simbólico. Por eso Luce funciona casi como una declaración: la marca acepta cambiar la forma, pero intenta conservar la experiencia, la potencia y la sensación de máquina especial.
La pregunta de fondo no es si Ferrari puede fabricar un eléctrico. La cuestión es si puede hacerlo sin perder aquello que convierte a un Ferrari en Ferrari. Luce ya ha conseguido algo valioso para cualquier marca: abrir una conversación global sobre diseño, identidad y futuro.

El riesgo de encender otra luz
Ferrari no ha presentado solo un coche, sino una tensión de marca. Maranello enfrenta tradición a tecnología en un producto que parece diseñado para incomodar a sus propios fieles.
Puede salir bien o puede convertirse en un aviso. Pero Luce deja una idea potente: incluso las marcas más icónicas necesitan decidir qué parte de su pasado protegen y qué parte están dispuestas a sacrificar para seguir siendo relevantes.
