A medida que avanza la segunda mitad del año, el rumbo de la política monetaria estadounidense bajo el mando del nuevo presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, se ha convertido en la gran incógnita para los mercados globales. La probabilidad de nuevas subidas de tipos de interés ha saltado del 5% a principios de año hasta el 25%, impulsada por la reciente crisis energética, la resistencia del mercado laboral y el discurso decididamente «hawkish» (agresivo) que el nuevo mandatario exhibió en su toma de posesión.
Hoy, el parqué está más dividido que nunca. Mientras una facción de analistas anticipa que el precio del dinero seguirá una trayectoria alcista (llegando a prever subidas de hasta 75 puntos básicos antes de fin de año), otros confían en que las dinámicas de fondo terminarán empujando los tipos a la baja.
El fin de la orientación prospectiva
El debut de Warsh no ha dejado margen para la ambigüedad. En el reciente foro del BCE en Sintra, el presidente advirtió de que quienes esperen tolerancia con una inflación superior al objetivo «se sentirán decepcionados». Además, ha anunciado la creación de cinco grupos de trabajo internos para auditar el balance de la institución y sus métricas, un movimiento que los operadores tradujeron inmediatamente como un aumento de las probabilidades de una subida inminente.
Sin embargo, desde la gestora Neuberger apuntan a un cambio estructural mucho más profundo: Warsh está desmantelando el modelo de «orientación prospectiva» (forward guidance) que ha guiado la comunicación de la Fed durante los últimos 15 años. Al reducirse la transparencia sobre la hoja de ruta del banco, el mercado se verá obligado a navegar a ciegas, basándose estrictamente en los datos macroeconómicos del día a día y en los rendimientos reales.
El pulso entre la desinflación y la geopolítica
Curiosamente, el mercado de bonos está enviando un mensaje contrario a la dureza de la Fed. Los rendimientos de la deuda estadounidense han retrocedido entre 15 y 20 puntos básicos desde sus máximos recientes (una tendencia replicada en Europa). El principal catalizador de este alivio ha sido la energía: las esperanzas de resolución del conflicto con Irán empujaron a la baja los precios del crudo, hundiendo las expectativas de inflación a su nivel más bajo en doce meses (2,20%).
Además, métricas clave como el PCE subyacente y los datos de la vivienda muestran signos claros de enfriamiento. No obstante, el escenario pende de un hilo geopolítico: el reciente repunte del 8% en el petróleo por las renovadas tensiones en Oriente Medio amenaza con reactivar las presiones inflacionistas de forma abrupta en este segundo semestre.
El escenario base: una pausa prolongada
Ante la extrema polarización de los bancos de inversión, firmas como Neuberger optan por una tercera vía. Su escenario base (al que otorgan un 40% de probabilidad) contempla un mantenimiento prolongado de los tipos, descartando cualquier recorte tanto en 2026 como en 2027. Para los expertos, la estrategia más lógica de Warsh será observar, esperar y dejar que los datos hagan el trabajo sucio.
Lejos de suponer un freno, la gestora considera que esta falta de consenso es una oportunidad de inversión táctica. Con el mercado descontando subidas en el tramo corto de la curva, el riesgo asimétrico favorece tomar posiciones en duraciones de dos a cinco años. «Puede que el debate entre subida, mantenimiento o bajada de tipos siga sin resolverse, pero para las carteras posicionadas con convicción, esa incertidumbre no es un riesgo sino una oportunidad», concluyen los analistas.
