La sostenibilidad ha dado el salto definitivo a la estrategia corporativa. El 86% de las empresas españolas asume que estas prácticas aportan ventajas competitivas directas, mientras que un 53% confirma que generan un impacto positivo real y tangible en sus resultados económicos.
Los datos emanan del informe ODS, Año 11, elaborado por el Pacto Mundial de la ONU España tras encuestar a casi dos mil organizaciones del país. El estudio confirma que la integración de estos valores medioambientales y sociales resulta clave para reforzar la resiliencia empresarial frente a la incertidumbre del mercado y para acceder a mejores condiciones de financiación externa.
Departamentos propios y madurez estratégica
Esta transformación ya moldea drásticamente los organigramas internos. El 79% de las firmas cuenta con un departamento o responsable exclusivo de sostenibilidad, lo que supone un fuerte incremento frente al 57% registrado en 2022. Además, siete de cada diez compañías aplican planes operativos específicos, consolidando la profesionalización paulatina de esta área en el sector privado.
Cristina Sánchez, directora ejecutiva del Pacto Mundial de la ONU España, advierte de que el mercado entra en una nueva fase de exigencia. «El reto de aquí ya no es sumar compromisos, sino conseguir que la sostenibilidad impregne todos los mecanismos que determinan cómo se crea valor en una compañía», detalla la directiva. La responsable subraya la urgencia de establecer métricas capaces de orientar las decisiones y elevar la estricta rendición de cuentas corporativa.
La brecha entre el discurso y los salarios
A pesar de esta rápida evolución estructural, la industria todavía sufre una enorme desconexión a la hora de fijar metas en firme. Aunque seis de cada diez empresas miden su impacto general, apenas un 18% establece compromisos públicos, medibles y con un plazo de ejecución definido.
Esta falta de concreción se traslada directamente a las cúpulas directivas y a sus bolsillos. Solo el 21% de los consejos de administración dispone de una comisión específica en esta materia y un escaso 9% vincula la retribución variable de sus ejecutivos al desempeño ecológico o social, una cifra que evidencia la falta de incentivos económicos reales para acelerar la transición.
Las prioridades: igualdad, energía y proveedores
Las preferencias de acción corporativa también han mutado a lo largo de la última década hacia un enfoque mucho más práctico y productivo. La igualdad de género se mantiene como la principal área de actuación con un 66% de adopción en las empresas nacionales, seguida muy de cerca por la eficiencia energética y la implementación de modelos de producción y consumo responsables.
El gran reto logístico pendiente reside ahora en la cadena de suministro global. Si bien el 63% de las compañías exige criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ESG) a sus socios comerciales, apenas una décima parte invierte recursos en capacitar a sus propios proveedores. Para afianzar los objetivos de la Agenda 2030, el organismo internacional exige al tejido empresarial pisar el acelerador en la transición climática y apoyarse activamente en nuevas tecnologías como la inteligencia artificial.
