Las ofensivas digitales contra firmas de abogados y proveedores del sector legal se han duplicado desde el año 2023. La adopción de inteligencia artificial autónoma ha permitido a los cibercriminales escalar masivamente la sofisticación y eficiencia de estas intrusiones.
Así lo detalla el último informe de la tecnológica de ciberseguridad CrowdStrike, que dibuja un panorama operativo cada vez más crítico. Solo en el último año, los piratas informáticos expusieron los datos robados de 455 entidades legales en la red, un salto interanual del 39%.
El botín de la inteligencia estratégica
Los despachos se han convertido en un objetivo prioritario porque custodian el núcleo estratégico de las grandes multinacionales. Sus servidores alojan secretos industriales, registros financieros, estrategias de litigio y detalles confidenciales sobre futuras fusiones y adquisiciones.
Adam Meyers, vicepresidente de CrowdStrike, advierte de que la inteligencia artificial está democratizando el acceso a herramientas de intrusión avanzadas. El directivo asume que la presión operativa sobre las infraestructuras de estos despachos empeorará antes de poder estabilizarse.
El «software» legal en la diana
El estudio revela un inquietante cambio de táctica: los atacantes ya diseñan ofensivas contra el «software» específico de la abogacía. Los investigadores detectaron que los criminales están explotando vulnerabilidades directas en los programas de facturación y registro de horas.
Las amenazas combinan a mafias cibernéticas enfocadas en la extorsión económica con atacantes patrocinados por estados nación. En este ámbito del espionaje a largo plazo, los grupos vinculados a China se mantienen como la mayor amenaza global para la industria jurídica.
Ingeniería social y suplantación física
Pese a la sofisticación de los algoritmos, la manipulación humana sigue siendo una grieta letal para franquear los blindajes perimetrales. Importantes firmas internacionales reconocen haber sido víctimas de tácticas de «ingeniería social» para ceder involuntariamente las contraseñas de acceso.
El alcance de estas operaciones combina la tecnología con intrusiones sobre el terreno. El pasado mes de noviembre, una red criminal contrató a un ciudadano ruso para que entrase físicamente en un bufete estadounidense haciéndose pasar por un empleado de soporte informático.
