La consultora de marca Morillas ha publicado un informe propio sobre el estado del negocio de los destilados, titulado The Inflection Point. Spirits Trends 2026. Su tesis es que un sector acostumbrado a venderse por tradición y procedencia está reescribiendo esos códigos para seguir siendo reconocible ante quien compra hoy.
El documento agrupa los cambios en cinco bloques: los acabados del producto, el valor que conserva la procedencia, las técnicas de fermentado y destilado, los ingredientes fuera de lo previsible y una forma más vigilada de beber. Cada bloque se ilustra con ejemplos de marcas de distintos mercados.
Beber menos y notarlo más
El primer frente está en las razones por las que se bebe, y afecta sobre todo a la franja de consumidores adultos más joven. La corriente sober curious y el tirón de las referencias NoLo —sin alcohol o con graduación reducida— apuntan a un consumo medido.
Morillas resume ese desplazamiento con dos palabras: del buzz al feeling. Lo que antes se buscaba en la desinhibición se busca ahora en el sabor, en la sensación de bienestar y en no perder el control. De ahí el empuje de las bebidas funcionales, con adaptógenos, nootrópicos y extractos botánicos, que se venden asociadas a estados de ánimo.
La consecuencia para las compañías no es solo de laboratorio. El informe sostiene que obliga a revisar el posicionamiento y el discurso, no únicamente la fórmula.
La procedencia, de aval a riesgo
El segundo frente toca un pilar histórico. El escocés, el coñac o el tequila deben buena parte de su reputación al lugar que figura en la etiqueta, pero los aranceles, las disputas comerciales y las campañas de boicot convierten esa dependencia en un flanco débil.
Aparecen así planteamientos origin agnostic, que reparten la identidad entre varias geografías. Planteray trabaja con rones de distintas procedencias y Martin Miller’s cruza referencias inglesas e islandesas. La procedencia sigue sumando, concluye el estudio, pero ya no tiene por qué sostener ella sola la marca.
Ondas, wagyu y césped de Wimbledon
En la fábrica, el informe fija la atención en la destilación al vacío, que baja la temperatura para conservar aromas, y en el sonic ageing, que somete el líquido a ondas sonoras mientras envejece. Copper & Kings lo hace con rock y Blackened Whiskey con Metallica, aunque el efecto real sobre el producto sigue sin estar claro.
La lista de ingredientes también se ha vuelto imprevisible: el mezcal Paquera pasa carne de wagyu por el alambique, Marin Coastal Gin recurre a algas nori y Sipsmith Top Seed Gin emplea semillas de hierba de la pista central de Wimbledon.
Barricas prestadas y mesas compartidas
Otra vía es el intercambio entre categorías. Las barricas que antes guardaron vino, ron, whisky o café devuelven perfiles nuevos y facilitan acuerdos entre productores: una edición de Havana Club reposó en madera del irlandés Redbreast.
El cierre del informe mira fuera de la botella, hacia la cocina, la música y el arte como terrenos de encuentro con el público, con alianzas como las de Absolut con Heinz o Four Pillars con Fabbrica.
