Pakistán asume el rol de mediador de urgencia para evitar que las nuevas represalias económicas de Washington desaten un conflicto bélico total. El jefe de su Ejército, Asim Munir, ha viajado por sorpresa a la capital iraní para reactivar una vía diplomática que lleva semanas totalmente paralizada.
La misión busca reconducir los acuerdos de alto el fuego firmados en abril y junio, que acabaron siendo papel mojado en cuestión de semanas debido a la profunda desconfianza mutua. Tras los combates de julio en el estrecho de Ormuz, Islamabad actúa junto a Qatar para forzar el diálogo.
Diplomacia telefónica y línea dura
Para preparar el terreno, el mariscal Munir mantuvo una llamada telefónica secreta con el propio Donald Trump días antes de pisar territorio iraní. Según filtraciones, el presidente estadounidense solicitó explícitamente usar esta influencia regional para sentar de nuevo a las partes a negociar.
En su agenda, el representante pakistaní tiene previsto reunirse con el círculo de confianza del líder supremo, el ayatolá Mojtabá Jameneí. Además, aprovechará la visita para discutir la reciente alianza de defensa firmada junto a Arabia Saudí y Turquía, invitando al país persa a sumarse al pacto.
El rechazo al «terrorismo económico»
Mientras tanto, la postura oficial del régimen iraní mantiene un tono de máxima alerta frente al bloqueo naval y la presión comercial de la Casa Blanca. El Ministerio de Exteriores, a través de su portavoz Esmaeil Baqaeí, ha tachado las inminentes sanciones como un claro acto de «terrorismo económico».
Las autoridades de Teherán advierten de que castigarán cualquier cooperación regional con las nuevas medidas punitivas estadounidenses. Los mediadores fían ahora el éxito del proceso a que Irán termine antes sus propias conversaciones con Omán sobre el futuro control logístico y marítimo del estrecho.
