Saks Global ha solicitado protección por bancarrota bajo el capítulo 11 en Estados Unidos. La compañía controla algunas de las enseñas más emblemáticas del comercio minorista de lujo del país, como Saks Fifth Avenue, Neiman Marcus y Bergdorf Goodman.
El movimiento busca ganar tiempo para reestructurar su balance y mantener la operativa mientras negocia con acreedores.
El peso de una adquisición multimillonaria
El origen de la crisis se sitúa en la compra de Neiman Marcus, una operación valorada en torno a 2.700 millones de dólares que elevó de forma significativa el endeudamiento del grupo.
A ese esfuerzo financiero se sumó un entorno más exigente para el retail de lujo, con menor tráfico en tienda, presión sobre márgenes y un cliente cada vez más inclinado a comprar directamente a las marcas.
Financiación para seguir abiertos
Durante el proceso judicial, Saks Global ha asegurado financiación adicional cercana a los 1.750 millones de dólares para sostener el negocio.
La compañía ha comunicado que sus tiendas seguirán abiertas y operando con normalidad mientras avanza la reestructuración, una señal dirigida tanto a clientes como a proveedores, varios de ellos grandes casas del lujo europeo.
Cambio en el liderazgo
La reordenación también llega a la cúpula. Richard Baker, impulsor de la integración y figura clave del grupo, abandona la primera línea.
El liderazgo pasa a manos de Geoffroy van Raemdonck, con el mandato de estabilizar la compañía y redefinir su estrategia en un mercado donde el modelo tradicional de grandes almacenes está bajo revisión.
La bancarrota de Saks Global se interpreta como un síntoma de una transformación más amplia del retail de lujo en Estados Unidos. El sector afronta el reto de adaptar estructuras históricas a un consumo más digital, selectivo y sensible a la experiencia, donde el tamaño ya no garantiza resiliencia financiera.
