El mercado de renta fija atraviesa un periodo de máxima presión. Las repercusiones inflacionistas del conflicto en Oriente Próximo han impulsado las rentabilidades de los bonos estadounidenses a 10 y 30 años hasta máximos de dos décadas. Para contener este encarecimiento, el Tesoro de Estados Unidos, dirigido por Scott Bessent, ha modificado su estrategia fiscal y acelerado drásticamente el recurso a la financiación a corto plazo.
Las previsiones de Goldman Sachs cuantifican la magnitud de este giro operativo. Si en el ejercicio 2025 el Estado colocó cerca de 360.000 millones de dólares mediante la emisión de letras, las estimaciones de la entidad financiera apuntan a que el volumen superará los 827.000 millones este año y rozará el billón de dólares para 2027. Esta avalancha busca sortear las fuertes primas que exigen los inversores institucionales para inmovilizar capital a largo plazo.
El alivio inmediato frente al riesgo sistémico
La maniobra, cada vez más extendida en mercados como el británico, otorga oxígeno a las arcas públicas. Esta tendencia global ya fue advertida por la OCDE, organismo que calculó que las letras representaron el 48% de toda la financiación captada durante 2025. «La financiación a corto plazo puede reducir los costes de endeudamiento porque evita fijar la prima por plazo que los inversores suelen exigir para la deuda de mayores vencimientos», detalla Thomas Hempell, responsable de análisis macro de Generali Investments.
Sin embargo, esta sobredependencia de los vencimientos cortos obliga al Estado a acudir al mercado con una asiduidad extrema, elevando el riesgo sistémico. César Pérez, director general de inversiones de WM, recuerda que el endeudamiento federal supera ya los 40 billones de dólares, lo que supone más del 120% del Producto Interior Bruto (PIB) del país, agravado por un déficit anclado en el 6,3%. El verdadero reto logístico radica en que cerca de 10 billones de dólares vencen en los próximos doce meses.
La vulnerabilidad ante un posible repunte inflacionista preocupa a las grandes gestoras. «Con una mayor proporción de letras del Tesoro, el Gobierno estadounidense será más vulnerable a las variaciones de los tipos de interés», advierte Nick Sanders, gestor de AllianceBernstein.
Por su parte, la firma TwentyFour AM descarta que la presión sobre los plazos largos vaya a ceder a corto plazo debido a la volatilidad macroeconómica y al exceso de oferta en el mercado. «Sería muy arriesgado afirmar que la prima por plazo ha tocado techo», sentencia Felipe Villarroel, gestor de carteras de la gestora. Un escenario que confirma que ganar tiempo hoy supone asumir una mayor incertidumbre mañana.
