Las últimas previsiones económicas del Fondo Monetario Internacional (FMI) dibujan un complejo panorama para la economía estadounidense a escasas semanas de las elecciones de medio término. El organismo advierte de un preocupante repunte inflacionario en el país, un escenario que podría pasar factura política en las urnas debido al malestar ciudadano por el alza de precios.
Según el informe actualizado, la inflación general del país repuntará hasta el 3,6% este año, para moderarse progresivamente al 2,8% en 2027. El pronóstico es más pesimista respecto a la inflación subyacente, que elimina la volatilidad temporal de alimentos y combustibles: el FMI calcula que el indicador no logrará volver al objetivo del 2% hasta mediados de 2028.
El impacto geopolítico y el factor algorítmico
Este salto en los precios responde principalmente al fuerte encarecimiento de la energía. El recrudecimiento de la guerra en Oriente Medio y los constantes ataques contra la infraestructura petrolera de Arabia Saudí han dinamitado las proyecciones iniciales. El organismo asume que el barril de crudo mantendrá una media de 95,74 dólares este año, muy por encima de los 67,74 dólares registrados en 2025.
Junto a la inestabilidad bélica, la institución señala un nuevo motor inflacionario: la inteligencia artificial. El gigantesco volumen de inversión en esta tecnología está disparando la demanda de mano de obra cualificada, el consumo energético y la construcción masiva de centros de datos, lo que añade una presión extra sobre los costes estructurales.
Crecimiento sólido pero muy vulnerable
A pesar de las tensiones en los precios, la maquinaria estadounidense resiste el golpe. El FMI proyecta que el Producto Interior Bruto (PIB) mantendrá un sólido crecimiento del 2,3% tanto en 2026 como en 2027. Este avance continuado se apoya fundamentalmente en la resiliencia del consumo privado, la agresiva política fiscal y la incansable inversión del ecosistema tecnológico.
No obstante, los expertos advierten de que estos cimientos son muy frágiles. El escenario base asume que el conflicto en Oriente Medio se estabilizará gradualmente hacia finales de 2027. Sin embargo, en un entorno más pesimista, caracterizado por una guerra prolongada o por un pinchazo en las expectativas de mercado sobre la inteligencia artificial, el organismo calcula que habría un 30% de probabilidades de sufrir una recesión suave en el último trimestre de 2026.
