Generación Z en México redefine consumo y resistencia social

El poder adquisitivo de la Gen Z aumenta, pero su lealtad a marcas es volátil.

El informe «The Little Book of Big Truths 2026» de McCann México destaca que la Generación Z en México está liderando un cambio significativo en el comportamiento de consumo. En 2026, se observa un incremento en el poder adquisitivo de esta generación, mientras que su lealtad hacia las marcas es cada vez más inestable, exigiendo posturas políticas y sociales claras.

McCann México a través de su unidad Truth Finder Consulgency, revela que la Gen Z mexicana está impulsando una transformación basada en la selección intencional, el emprendimiento digital y la «cultura del pequeño capricho». Un 52% de los mexicanos jóvenes adopta la compraventa de ropa de segunda mano como parte de su identidad y el 70% demanda activismo a las marcas.

Thrifting y emprendimiento digital

El thrifting, o compraventa de ropa vintage, ha dejado de ser una actividad de nicho y se ha convertido en una práctica masiva, con el 52% de la Gen Z mexicana participando. Este fenómeno está por encima del promedio regional en LATAM que es del 42%. Esta tendencia refleja un cambio profundo en los valores de consumo de la moda en el país.

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Ante el contexto laboral adverso, con el 47.6% de esta generación sin empleo formal, muchos jóvenes se han volcado al emprendimiento digital. Según datos del INEGI, 14.5 millones de mexicanos se desempeñan como trabajadores independientes, equivalentes al 27% de la población ocupada.

Activismo y volatilidad en lealtad

La participación activa en causas sociales caracteriza a esta generación, con el 70% involucrándose en activismo. Para los jóvenes, la neutralidad de las marcas es vista como complicidad, lo que hace que la autenticidad sea crucial para evitar boicots. Joan Frías, director de marketing y consultoría de McCann México, subraya que las empresas que no muestren compromiso real enfrentan un posible rechazo.

El estudio concluye que el éxito futuro de las marcas depende de su capacidad para humanizarse y adaptarse a los cambios en el consumo y las demandas emocionales de la Generación Z.

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