Google y Blackstone lanzan su nube de IA

Google y Blackstone crean una firma de nube para IA con 5.000 millones de dólares y 500 megavatios previstos.
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Google y Blackstone han decidido entrar con fuerza en uno de los negocios más calientes de la inteligencia artificial: la infraestructura de cómputo. Ambas compañías crearán una empresa de nube especializada en IA para responder a la creciente demanda de capacidad en centros de datos.

La operación llega respaldada por una inversión inicial de 5.000 millones de dólares por parte de Blackstone. El objetivo pasa por activar 500 megavatios de capacidad de centros de datos en 2027, con posibilidad de ampliar esa infraestructura en los próximos años.

La nueva compañía estará radicada en Estados Unidos y ofrecerá capacidad de centros de datos junto al acceso a las Tensor Processing Units (TPU) de Google. El modelo comercial será de compute as a service, orientado a clientes que necesitan potencia para entrenar y ejecutar modelos de IA.

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La carrera por la infraestructura

El acuerdo coloca a Google y Blackstone en competencia directa con actores como CoreWeave, uno de los nombres que más ha crecido en el mercado del cómputo especializado para inteligencia artificial. La diferencia está en la tecnología: CoreWeave se apoya en GPU de Nvidia, mientras la nueva sociedad impulsará los procesadores propios de Google.

Para Google, el movimiento tiene una lectura estratégica. La compañía gana una vía adicional para comercializar sus TPU fuera del perímetro tradicional de Google Cloud, en un momento en el que los grandes clientes buscan alternativas a Nvidia por costes, disponibilidad y control de suministro.

Sundar Pichai, consejero delegado de Google y Alphabet, explicó en abril que la compañía está reforzando su infraestructura para la era de los agentes de IA. Google presentó entonces sus TPU de octava generación, con versiones optimizadas para entrenamiento e inferencia.

Blackstone entra en los raíles de la IA

Para Blackstone, la operación refuerza una apuesta que ya no se limita al capital privado tradicional. La firma ha elevado su exposición a centros de datos, energía y activos vinculados a la infraestructura que necesita la inteligencia artificial para escalar.

Reuters señala que las grandes tecnológicas podrían superar los 700.000 millones de dólares de gasto en infraestructura de IA en 2026. Ese volumen explica por qué los fondos quieren participar en la capa física del negocio: suelo, energía, refrigeración, redes y capacidad de procesamiento.

La alianza también muestra un cambio de fondo en el mercado. La inteligencia artificial ya no se juega solo en modelos, aplicaciones o asistentes. Cada vez más, la ventaja competitiva se concentra en asegurar electricidad, capacidad de centros de datos y acceso a procesadores especializados.

Presión para Nvidia

La nueva firma puede elevar la presión competitiva sobre Nvidia, aunque no desplaza su liderazgo de forma inmediata. El grupo sigue siendo la referencia en GPU para IA, pero Google busca convertir sus TPU en una alternativa más visible para grandes clientes corporativos.

El impacto también alcanza al mercado cloud. Los llamados neoclouds han ganado peso al ofrecer infraestructura diseñada desde el inicio para cargas de IA, con alta densidad energética, refrigeración especializada y arquitecturas preparadas para entrenamiento e inferencia a gran escala.

La lectura empresarial es clara: Google aporta hardware, software y clientes; Blackstone aporta capital e infraestructura. Si la demanda de IA mantiene el ritmo, la nueva sociedad puede convertirse en una pieza relevante en la próxima fase del negocio: menos promesas sobre modelos y más control sobre los recursos que los hacen funcionar.

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