Una ofensiva de piratería informática contra el sector minorista se ha extendido este lunes por todo el continente europeo. El ataque ha golpeado los sistemas de refrigeración y congelación desde Suecia hasta Bélgica, obligando a las tiendas a desechar masivamente sus alimentos en un incidente que replica el sabotaje sufrido en Francia el mes pasado.
La intrusión térmica afectó de lleno a los grupos Ahold Delhaize y Colruyt en Bélgica y Luxemburgo, así como a las cadenas suecas ICA y Coop. El gigante del mobiliario IKEA también registró al menos una tienda comercial afectada por la caída de los termostatos.
El impacto físico fue devastador en las instalaciones. Engla Ingwall, directora de ventas en una franquicia de ICA en Estocolmo, relató a Reuters que el asalto digital se produjo a las dos de la madrugada, aunque los trabajadores no lo detectaron hasta horas después. «Todo está destruido», lamentó tras visitar el local. «Ha habido un ciberataque y todos nuestros congeladores alcanzaron los 50 grados Celsius», detalló.
Un portavoz de la matriz ICA confirmó que la dirección corporativa ya era consciente de que un número limitado de tiendas sufrió este incidente nocturno contra sus sistemas de conservación de frío.
El precedente francés y la amenaza híbrida rusa
Estos nuevos asaltos informáticos siguen la estela de la ofensiva registrada en Francia el mes pasado, cuando la policía confirmó que los piratas tomaron el control remoto de las unidades de frío en cientos de supermercados, provocando incendios y cuantiosas pérdidas alimentarias. En ese mismo contexto temporal, el grupo Ahold también denunció un grave incidente de ciberseguridad ante las autoridades policiales.
Hasta el momento, ninguna organización criminal ha reivindicado la autoría de estas acciones coordinadas y silenciosas.
La sucesión de los hechos ha disparado las alarmas entre las autoridades comunitarias sobre las amenazas híbridas a las infraestructuras vitales, en medio de la creciente tensión de seguridad derivada de la invasión rusa de Ucrania en 2022. Pese a que Moscú ha negado reiteradamente cualquier implicación en operaciones de sabotaje, la dificultad técnica del rastreo mantiene todas las hipótesis abiertas.
Katrien Eggers, portavoz del Centro de Ciberseguridad de Bélgica, admitió que el autor es desconocido y podría no ser descubierto jamás. «Todos los sistemas informáticos son potencialmente vulnerables, y la IA puede usarse ahora para explotar con éxito estas debilidades, especialmente por actores sofisticados», advirtió.
El eslabón tecnológico y el aviso de Bruselas
La vulnerabilidad del sector radica en la hiperconectividad de sus infraestructuras físicas. Desde refrigeradores y sistemas de calefacción hasta cámaras de seguridad y alarmas perimetrales, una gama cada vez mayor de dispositivos mecánicos ahora pueden monitorizarse de forma remota, abriendo nuevas brechas para los atacantes. En este caso concreto, al menos algunas de las unidades afectadas el lunes utilizaban tecnología de control de temperatura de la firma danesa Danfoss, el mismo proveedor que fue vulnerado durante el ataque francés. La corporación tecnológica ya ha comunicado que trabaja estrechamente con sus clientes para implementar parches de seguridad.
La Comisión Europea ha tomado cartas en el asunto ante la extrema gravedad de la disrupción operativa. Christophe Hansen, comisario de Agricultura de la UE, definió estos incidentes como una advertencia crítica que el continente debe afrontar de urgencia. «Son un intento deliberado de interrumpir nuestra cadena de suministro de alimentos y socavar la confianza de los consumidores en ella», sentenció. «La repetición de estos ciberataques es profundamente preocupante», añadió el representante institucional sobre esta nueva forma de terrorismo logístico.
El mapa del sabotaje: de Irlanda a Suecia
El alcance territorial del código malicioso ha forzado apagones comerciales masivos. Un portavoz de Colruyt Group confirmó que cinco tiendas de su franquicia Spar en Bélgica sufrieron ataques directos en sus neveras. En Irlanda, la compañía mayorista Musgrave reportó que el incidente alcanzó a los sistemas de 13 de sus supermercados SuperValu, forzando la retirada inmediata de productos refrigerados.
La empresa aseguró en un comunicado oficial que sus sistemas de monitorización alertaron del problema a tiempo, permitiendo intervenir mientras prosigue la investigación interna. Por su parte, la firma francesa Carrefour admitió que 15 de sus 700 locales en Bélgica resultaron infectados.
En el mercado nórdico, la cadena privada sueca Coop reveló que siete de sus 800 centros sufrieron alteraciones no autorizadas en su climatización, confirmando a Danfoss entre sus proveedores de hardware. Tom Hegel, investigador de la firma de ciberseguridad SentinelOne, descartó motivos de extorsión financiera por la ausencia de peticiones de rescate económico, apuntando directamente al sabotaje por motivos políticos.
«El comercio minorista es un blanco fácil porque opera enormes parques de controladores de refrigeración, sistemas de gestión de edificios, paneles de acceso y equipos de punto de venta», detalló. El experto reconoció la complejidad de la defensa: «Un atacante que inicia sesión en un panel expuesto casi no deja rastro; un adolescente y un servicio de inteligencia se verían casi igual desde el lado del defensor».
Pérdidas económicas en el tejido local
Las consecuencias a pie de calle son devastadoras para los empresarios locales independientes. Luc De Laet, fundador y propietario de la cadena de carnicerías belga De Laet & Van Haver, relató cómo fue despertado a las 3:30 de la madrugada por la llamada de urgencia de un empleado. Al apresurarse hacia su tienda al sur de Amberes, descubrió que los termostatos habían sido hackeados para elevar artificialmente la temperatura hasta los 18 grados Celsius. Este calentamiento programado arruinó de un plumazo un inventario de carne valorado en 15.000 euros.
La sensación de indefensión ha calado hondo en todo el comercio primario. «Da mucho miedo. Hackean el sistema que registra la temperatura y pueden programarlo a distancia», lamentó De Laet ante las cámaras de Reuters, expresando su frustración por desechar tal volumen de comida en perfectas condiciones.
El carnicero belga, que ya ha denunciado los hechos a la policía a la espera de una investigación formal, se mostró totalmente convencido de que el objetivo final de los piratas informáticos es golpear y desestabilizar la base de las economías europeas. «Solo tengo dos palabras para ellos: despierten, por favor, porque algo está pasando», concluyó.
