El reto de las pymes: sucesión, IA y capital

La profesionalización financiera, los procesos y la tecnología marcarán la capacidad de las pymes para crecer, venderse y atraer capital.
Imagen generada por IA de un fundador vendiendo su pyme Imagen generada por IA de un fundador vendiendo su pyme
Imagen generada por IA de un fundador vendiendo su pyme :: Propós

El Día Mundial de las Pymes, que se celebra cada 27 de junio, ha vuelto a situar en el centro del debate una realidad conocida: las pequeñas y medianas empresas sostienen una parte esencial del tejido productivo español.

La cuestión de fondo, sin embargo, ya no pasa solo por crear empresas, sino por construir organizaciones capaces de funcionar, crecer y sobrevivir más allá de sus fundadores.

España ha demostrado una elevada capacidad para generar emprendimiento, pero mantiene una asignatura pendiente: transformar proyectos personales en compañías escalables, profesionalizadas y con autonomía operativa. El resultado es una economía con un peso notable de microempresas que dependen demasiado de una sola persona para vender, decidir, gestionar y ejecutar.

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Esa dependencia limita el crecimiento y también condiciona el valor futuro de la compañía. Más del 60% de los propietarios de pymes supera los 55 años y cerca del 70% de las empresas no cuenta con un plan real de sucesión ni de preparación para una eventual venta, según datos del Consejo General de Economistas y Cepyme.

El reto de las pymes: crecer sin depender del fundador

Una pregunta resume el grado de madurez de muchas compañías: ¿cuántas pymes podrían seguir funcionando con normalidad si su propietario desapareciera durante un mes? La respuesta revela una fragilidad estructural. En demasiados casos, el dueño sigue siendo responsable comercial, financiero, operativo y principal depositario del conocimiento del negocio.

Fundadora de una pyme :: The Officer

Cuando una empresa depende por completo de su fundador, no siempre existe una estructura empresarial consolidada. Existe, en muchos casos, un modelo de autoempleo sofisticado. La diferencia entre emprender y construir una empresa reside precisamente en crear procesos, equipos y sistemas que permitan que la organización avance sin depender de una única figura.

Este problema también afecta a la valoración. En el mercado, hay un buen número empresas rentables que pierden atractivo ante compradores porque dependen en exceso de su fundador. Ese factor puede penalizar el precio final con ajustes habituales de entre el 20% y el 30%, al aumentar la incertidumbre sobre la continuidad del negocio tras una venta o sucesión.

De la rentabilidad a la vendibilidad

«La mayoría de las pymes se preparan para vender cuando ya es tarde. Y vender deprisa casi siempre significa vender barato», explica John Belalcázar, CEO de Impulsa CFO. La idea introduce un matiz clave: no basta con que una empresa sea rentable. También debe ser comprensible, ordenada y transferible para un inversor, un comprador industrial o una segunda generación.

La llamada vendibilidad depende de factores que muchas pymes retrasan hasta que aparece una operación corporativa. Contabilidad poco profesionalizada, falta de previsión de caja, márgenes reales desconocidos o procesos clave sin documentar reducen el atractivo de una compañía incluso cuando el negocio genera ingresos recurrentes.

Reunión de una pyme :: The Officer

«Muchas pymes son rentables, pero no vendibles. Y eso es lo que destruye valor cuando aparece un comprador, hoy no se venden empresas por intuición, se venden por datos. Quien no los tiene, queda fuera del mercado», señala Belalcázar. La preparación financiera anticipada puede elevar la valoración entre un 30% y un 40% en micro y pequeñas pymes, y entre un 15% y un 25% en pymes medianas.

Estrategia antes que financiación

El debate sobre las pymes suele centrarse en el acceso al crédito, pero el capital no resuelve por sí solo una estrategia débil. Muchas empresas buscan financiación para acelerar un crecimiento que no han definido con precisión. Otras intentan corregir problemas de rentabilidad mediante deuda, cuando el origen está en modelos poco diferenciados, estructuras ineficientes o mercados mal analizados.

La financiación puede impulsar una estrategia sólida, pero no sustituirla. La pregunta relevante no es solo cuánto dinero necesita una pyme, sino para qué lo necesita, qué margen espera mejorar y qué modelo de crecimiento quiere construir. En ese punto, el orden financiero se convierte en una ventaja competitiva.

El contexto financiero eleva la presión. Más de la mitad de las pymes españolas necesitó financiación durante 2025, según el informe de CESGAR citado por SEGOFINANCE. A ello se suma que el 26% de las empresas españolas entró en pérdidas durante el último ejercicio, según el Barómetro de primavera del Consejo General de Colegios de Gestores Administrativos.

Proceso de venta de una pyme :: The Officer

Crédito, inversión alternativa e IA

El endurecimiento financiero puede intensificarse con la fase más exigente de Basilea IV a partir de 2027, que previsiblemente elevará los requisitos de capital y los criterios de riesgo de las entidades. Este escenario coincide con una mayor volatilidad de los mercados y con advertencias del Banco Central Europeo (BCE) y la European Systemic Risk Board (ESRB) sobre el impacto del riesgo geopolítico en la estabilidad financiera.

Esa presión impulsa nuevas fórmulas de financiación alternativa ligadas a la economía productiva. SEGO Factoring, la línea de adelanto de facturas de SEGOFINANCE, superó en 2025 los 210 millones de euros financiados tras crecer un 125% respecto al año anterior. La compañía ha canalizado más de 13.000 operaciones y ha financiado a más de 250 empresas.

«El actual entorno económico está generando una doble transformación. Las empresas necesitan soluciones de financiación más flexibles y ágiles, mientras que muchos inversores están priorizando activos menos dependientes de la volatilidad de los mercados cotizados y más conectados con la economía productiva», explica Sergio Valcárcel, CEO de SEGO Factoring.

La siguiente frontera será tecnológica. La inteligencia artificial permitirá a las pymes automatizar procesos, analizar datos, mejorar la atención al cliente y optimizar ventas. Pero no actuará como salvavidas universal. Las empresas con procesos claros podrán integrarla mejor. Las que funcionen de forma improvisada encontrarán más dificultades para capturar su valor.

El reto, por tanto, no consiste únicamente en lanzar más empresas. Consiste en construir mejores empresas. Pymes con dirección profesionalizada, previsión financiera, tecnología integrada, sucesión planificada y capacidad para atraer capital. El futuro del tejido empresarial español dependerá de esa transición: pasar del proyecto personal a la organización que crece, genera valor y continúa cuando su fundador ya no está al frente.

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