La inteligencia artificial ha dejado de ser una promesa tecnológica para convertirse en un cambio de dimensión disruptiva que ninguna organización puede ignorar. Para Mariola Urrea, experta en gobierno corporativo y Senior Advisor, el verdadero reto no reside solo en la adopción técnica, sino en cómo los órganos de decisión asumen su responsabilidad estratégica y ética ante este nuevo escenario.
En esta entrevista, Urrea desgrana la necesidad de profesionalizar los consejos de administración y de integrar el humanismo digital como un eje fundamental de la competitividad empresarial.
TOFF.- ¿En qué momento te diste cuenta de que la IA no era una moda, sino algo que había llegado para quedarse?
MU.- La IA representa un cambio tecnológico de dimensión disruptiva. Nadie que conozca mínimamente su alcance en clave de presente y su potencial desarrollo futuro puede dejar de tomársela en serio. Está entrando con fuerza en las empresas y es una realidad que ha venido para transformar el panorama por completo.
TOFF.- Desde el punto de vista del gobierno corporativo, ¿qué retos plantea esta tecnología?
MU.- Hay al menos dos maneras de abordarla. La primera es como una herramienta para ganar eficiencia y ahorrar costes. La segunda, y más compleja, es entenderla como un componente estratégico. Esto requiere escalar la conversación al órgano de gobierno para dimensionar correctamente sus riesgos y costes.
TOFF.- ¿Están hoy los consejos de administración preparados para tomar estas decisiones?
MU.- La capacitación de un consejo depende de su composición. Por eso es vital depurar los procesos de selección de consejeros, buscando trayectorias profesionales que estén a la altura de estos desafíos. Pero no basta con el currículum; el valor añadido surge si hay debates ricos en matices, algo que la presidencia debe impulsar generando un clima de confianza.

TOFF.- ¿Qué responsabilidades deben asumir los consejeros cuando la empresa adopta sistemas de IA?
MU.- La responsabilidad es máxima. No se trata de que los consejeros sean especialistas en la materia, sino de que sean profesionales capaces de formular las preguntas adecuadas para que el proceso de decisión no ignore aspectos relevantes. Deben tener un compromiso de formación permanente y saber ponderar los escenarios de riesgo. Además del factor tecnológico, es crucial el control de riesgos asociados.
TOFF.- Se habla mucho de IA ética y responsable. ¿Qué papel tienen las empresas para garantizar ese uso?
MU.- Las empresas pueden contribuir significativamente a establecer límites desde una perspectiva de valores. Esta capacidad de actuación puede nacer de la propia empresa o venir influida por la exigencia de los consumidores. De hecho, el «activismo» que hemos visto en el ámbito ambiental puede desarrollarse también en el ámbito del humanismo digital.
TOFF.- ¿Cómo debe integrarse la IA en la estrategia empresarial para que sea efectiva?
MU.- Debe ser objeto de discusión en los órganos de decisión como parte de la estrategia general. Puede ser muy útil contar con asesoramiento externo especializado para cualificar la toma de decisiones. En el caso de las pymes, que quizás no tienen recursos para un consejo asesor propio, las Cámaras de Comercio pueden ser espacios clave para prestar ese servicio de asesoramiento.
TOFF.- ¿Qué diferencia a una empresa que usa la IA con responsabilidad de una que solo sigue la corriente?
MU.- La diferencia radica en la seriedad y profesionalidad del liderazgo. El uso de la IA debe ser el resultado de un proceso pensado donde la tecnología aporte un valor real al propósito empresarial. Seguir modas no incrementa el valor de la empresa ni mejora el producto para el consumidor; al contrario, puede ser contraproducente.
«Hacer de la IA una cuestión de tendencias no contribuirá a incrementar el valor de la empresa; la diferencia está en la seriedad con la que se lidera el proyecto».
TOFF.- ¿Qué riesgos existen si se incorpora la IA sin una estrategia clara?
MU.- Se puede incurrir en múltiples riesgos, empezando por el financiero, si no se dimensiona bien la necesidad de la herramienta para el modelo de negocio. Pero el más peligroso es el riesgo reputacional; operar sin supervisión adecuada puede comprometer la viabilidad de un proyecto hasta darlo al traste.
TOFF.- ¿Cree que la IA cambiará la forma en que se gobiernan las empresas en el futuro?
MU.- Su potencial es enorme e invita a pensar en modelos de gobernanza donde la IA tenga un papel destacado, tanto en lo corporativo como en lo público. Sin embargo, no debemos ignorar el valor del factor humano en la decisión final. Solo nosotros podemos valorar escenarios que la IA no alcanza y, sobre todo, introducir la perspectiva esencial de los principios y valores.
TOFF.- Como miembro del jurado de AI for Good, ¿qué esperas encontrar en los proyectos candidatos?
MU.- Espero encontrar propuestas de valor que refuercen el propósito empresarial desde una dimensión de negocio, pero que al mismo tiempo generen un impacto de progreso social.
