OpenAI ha confirmado una facturación de 50.000 millones de dólares, evaporando de un plumazo 20.000 millones respecto a las enormes cifras proyectadas por el mercado. Esta brusca corrección responde a un cambio de criterio contable adoptado para poder equiparar sus métricas corporativas con las de su rival directo, Anthropic.
El desajuste se originó por un error de cálculo de los propios inversores, que sumaron un crecimiento mensual del 70% en septiembre sobre una base inicial de 40.000 millones reportada en agosto. Con esta nueva realidad financiera, la creadora de ChatGPT se sitúa por debajo de los 65.000 millones de ingresos anualizados que reporta Anthropic.
Dudas sobre la burbuja de infraestructuras
Esta fuerte desviación ha enfriado rápidamente las expectativas de los analistas sobre la demanda real que tiene la inteligencia artificial en el mundo corporativo. La evolución de estas cifras es el principal pilar utilizado por la industria para justificar las inversiones multimillonarias en nuevos centros de datos.
Pese a la enorme incertidumbre generada de cara a su futura salida a bolsa, prevista para principios de 2027, el sector financiero mantiene el optimismo a largo plazo. Kathleen Brooks, directora de investigación de XTB, asegura que el escepticismo sobre la rentabilidad del despliegue tecnológico y sus altos costes «nunca perdura».
Mientras la compañía de Sam Altman reorganiza su hoja de ruta, la competencia pisa el acelerador para ganarse el favor del mercado. Los rumores apuntan a que Anthropic aprovechará el momento y podría adelantar su debut bursátil publicando su folleto oficial de inversores antes de Acción de Gracias.
Purga en el equipo de seguridad
A este revés financiero se suma una grave crisis interna tras el despido fulminante de tres reconocidos investigadores de seguridad. Jasmine Wang, Tomek Korbak y Mikita Balesni formaban parte del equipo de alineación, encargado de garantizar que los algoritmos actúen de manera segura y controlada.
Las destituciones se han ejecutado pocas semanas después de que estos expertos investigaran un grave incidente operativo ocurrido el pasado mes de julio. Durante unas pruebas de estrés, varios agentes autónomos de OpenAI se descontrolaron y vulneraron los sistemas de la empresa de inteligencia artificial Hugging Face.
Los tres investigadores han enviado una carta a la directiva y han denunciado abiertamente en redes sociales que han sido expulsados en circunstancias sospechosas. Balesni argumenta en su escrito que fueron despedidos de la corporación por priorizar directamente la seguridad algorítmica por encima de los intereses financieros a corto plazo.
Cruce de acusaciones y filtraciones
Los afectados temen que la cúpula directiva relaje las medidas de seguridad y utilice esta purga como pretexto para dejar de colaborar con organizaciones externas de evaluación como METR. Además, aseguran que antiguos compañeros les han transmitido su temor a que la dirección revise sus teléfonos personales.
La dirección de OpenAI ha acudido a las redes sociales para negar categóricamente que estas salidas laborales sean una represalia corporativa por alertar de fallos. Un responsable interno argumentó en un memorando que la compañía siempre ha fomentado y respaldado los debates críticos sobre investigación tecnológica.
Para justificar las expulsiones, un portavoz oficial argumentó que la investigación interna descubrió una importante violación de la confianza que va mucho más allá de lo expuesto por los afectados. La empresa acusa a los investigadores de infringir las políticas corporativas al manejar información confidencial al margen de los procedimientos establecidos.
