Uber vuelve a captar la atención del mercado por sus planes en robotaxis. Las acciones de la compañía han subido al calor de las expectativas sobre la movilidad autónoma, aunque su estrategia mantiene una particularidad clave: Uber no fabrica ni posee la tecnología principal de los vehículos autónomos que quiere integrar en su plataforma.
La compañía busca posicionarse como el canal de acceso para distintos operadores de conducción autónoma. En lugar de construir una flota propia, Uber está cerrando acuerdos con fabricantes, empresas de software y proveedores tecnológicos para incorporar esos vehículos a su red de movilidad.
Uno de los movimientos más recientes ha sido el cierre del piloto con Waymo en Phoenix. La colaboración, lanzada en 2023, permitía solicitar vehículos autónomos de Waymo a través de Uber. Ambas compañías han terminado esa prueba limitada, aunque Waymo seguirá disponible en Uber en otras ciudades como Austin y Atlanta. Uber, por su parte, prepara una nueva iniciativa autónoma en Phoenix con otro socio aún no identificado.
Nuevos acuerdos
La estrategia también incluye acuerdos con Lucid y Nuro para desplegar vehículos autónomos eléctricos, además de una alianza con Autobrains y Nvidia para avanzar en un proyecto de robotaxis en Múnich. Este modelo permite a Uber participar en el crecimiento del sector sin asumir en solitario todo el coste industrial y tecnológico de desarrollar coches autónomos.
El interés del mercado se explica por el potencial de los robotaxis para transformar el negocio. Si los vehículos autónomos reducen el peso del conductor en el coste del viaje, plataformas como Uber podrían mejorar márgenes y ampliar disponibilidad en grandes ciudades. Sin embargo, el modelo también plantea riesgos: la compañía depende de terceros para escalar la tecnología, cumplir con los requisitos regulatorios y garantizar seguridad operativa.
