Unicaja afronta la posible compra de WiZink desde una posición de capital cómoda. La entidad malagueña mantiene conversaciones con Värde Partners, propietario del banco especializado en tarjetas y crédito al consumo, para explorar una operación que le permita ganar escala en un segmento donde tiene margen de crecimiento.
El atractivo de la operación está en el negocio de tarjetas y financiación al consumo. Unicaja habría planteado una oferta de entre 100 y 105 millones de euros por el negocio de tarjetas de WiZink. La cifra encajaría con la capacidad financiera del banco, que cerró 2025 con 632 millones de euros de beneficio y una ratio CET1 del 16%.
La clave no está solo en el precio, sino en el perímetro de la compra. WiZink arrastra una elevada exposición al negocio revolving, afectado por reclamaciones judiciales y por el debate regulatorio sobre el crédito al consumo. Por eso, Värde estudia dividir la entidad en dos partes: un «banco bueno», con la plataforma de tarjetas, y un «banco malo», donde quedarían las carteras más problemáticas, según los expertos.
Ese esquema permitiría a Unicaja reforzar su presencia en consumo sin asumir todo el riesgo legal vinculado a las antiguas carteras de tarjetas revolving. Para el banco, la adquisición tendría sentido estratégico: le daría acceso a una plataforma especializada y aceleraría su entrada en un negocio más rentable que la banca tradicional, aunque también más expuesto a morosidad y litigios.
El mercado, sin embargo, mira la operación con cautela. WiZink registró pérdidas de 52,5 millones de euros en 2025, mientras que su modelo presenta un perfil de riesgo superior al de Unicaja.
Para Unicaja, la compra sería una forma de convertir su exceso de capital en crecimiento. Para Värde, una vía para ordenar la salida de un activo condicionado por años de litigios. El cierre dependerá de si ambas partes logran aislar el negocio atractivo de los pasivos que más inquietan al mercado.
