Blue Origin afronta una de las pruebas más delicadas de su historia reciente después de que su cohete New Glenn explotara durante una prueba de motores en Cabo Cañaveral. El incidente dañó el complejo de lanzamiento 36, la única plataforma operativa de la compañía para este vehículo pesado.
El accidente se produjo el jueves 28 de mayo durante un ensayo hot-fire, una prueba en la que los motores se encienden con el cohete sujeto a tierra antes de una misión orbital. No hubo heridos y los satélites de Amazon Leo que debía transportar todavía no estaban instalados.
El golpe llega en un momento clave para Jeff Bezos y su estrategia espacial. Blue Origin necesita demostrar que puede elevar la cadencia de New Glenn, competir con SpaceX y cumplir con sus compromisos comerciales e institucionales.
El calendario, bajo presión
Dave Limp, CEO de Blue Origin, ha tratado de rebajar la tensión al asegurar que la compañía prevé volver a volar antes de que termine 2026. Según explicó, los depósitos de metano, hidrógeno y oxígeno siguen en buen estado, mientras que la torre principal dañada podría repararse sin necesidad de derribarla.
La explosión destruyó el cohete, el sistema transportador-erector y una torre pararrayos. También dejó daños visibles en la infraestructura de apoyo, aunque la compañía sostiene que varios elementos críticos han resistido mejor de lo previsto.
La Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA) mantiene una lectura más prudente. Jared Isaacman, administrador de la NASA, señaló que la reparación llevará «bastante tiempo», mientras la agencia colabora en el análisis de la causa y en la recuperación de la plataforma.
Amazon y la Luna miran el reloj
El retraso también afecta a Amazon Leo, la constelación de internet satelital con la que Amazon busca competir frente a Starlink. New Glenn iba a lanzar 48 satélites de la compañía, aunque Amazon mantiene acuerdos con otros proveedores como United Launch Alliance y Arianespace.
El impacto estratégico va más allá del negocio satelital. New Glenn forma parte del plan de Blue Origin para lanzar Blue Moon, el módulo lunar con el que la compañía participa en el programa Artemis de la NASA.
La NASA anunció el 26 de mayo nuevos contratos vinculados a misiones lunares, con Blue Origin como pieza relevante para el programa Moon Base. La agencia adjudicó a la compañía 188 millones de dólares, con una opción adicional de 280,4 millones, para tareas de entrega vinculadas a la movilidad lunar.
La carrera frente a SpaceX
La lectura empresarial es directa: Blue Origin no solo debe reparar una plataforma, sino proteger su credibilidad industrial. La compañía había concentrado recursos en New Glenn y en su programa lunar, después de pausar New Shepard para reforzar estos desarrollos.
La comparación con SpaceX resulta inevitable. Elon Musk cuenta con más plataformas, más lanzamientos y una ventaja operativa que le permite absorber mejor los fallos. Blue Origin, en cambio, depende de una infraestructura más limitada para acelerar su entrada en el mercado orbital pesado.
La recuperación de New Glenn marcará el pulso de Blue Origin en los próximos meses. Si cumple su promesa de volver a volar antes de que termine el año, la compañía podrá presentar el accidente como un tropiezo técnico. Si el calendario se alarga, el daño pasará de la plataforma a la posición competitiva de Bezos en la nueva economía espacial.
