La administración estadounidense está acelerando los contactos diplomáticos para levantar una infraestructura energética clave junto al gobierno asiático, que acaba de frenar la euforia inicial exigiendo un estudio serio de viabilidad.
Todo este movimiento se destapó la semana pasada cuando Donald Trump, presidente de Estados Unidos, anunció a bombo y platillo una inversión de 200.000 millones de dólares procedentes directamente de las arcas públicas surcoreanas.
El tira y afloja por la inversión
En ese enorme paquete financiero americano se incluía la construcción de este ansiado conducto de gas natural licuado. Sin embargo, la cúpula política de Seúl no tardó en rebajar las expectativas, avisando de que el proyecto no está cerrado en firme.
Pese a las reticencias asiáticas, JD Vance, vicepresidente estadounidense, ha querido mandar un mensaje de tranquilidad asegurando ante la prensa que «es algo que va a suceder», aunque reconoce que todavía quedan varios detalles técnicos sobre la mesa.
El peso de la demanda global
El político norteamericano se ha mostrado muy confiado frente a los periodistas al recordar que actualmente existe una demanda muy fuerte de gas natural estadounidense en el mercado internacional, lo que supone un empuje definitivo para sellar el pacto.
Desde el otro lado del Pacífico, la postura oficial es mucho más prudente y analítica ante un desembolso tan grande. Lee Hyoung-il, ministro de Finanzas de Corea del Sur, ha confirmado en el parlamento que van a revisar a fondo toda la operación comercial.
La viabilidad antes que la estrategia
El responsable de las cuentas asiáticas ha subrayado que el paso previo e indispensable a cualquier firma es evaluar la rentabilidad real de este megaproyecto. Además, ha añadido que Washington entiende que «la razonabilidad comercial es importante».
Durante otra sesión parlamentaria celebrada este mismo martes, Kim Jung-kwan, ministro de Industria surcoreano, insistió en la misma línea asegurando que demostrar esa coherencia económica es un requisito previo totalmente innegociable para avanzar.
El fantasma de Oriente Medio
A pesar de imponer esta enorme cautela financiera, el ministro asiático reconoció abiertamente que la tubería tiene un incuestionable valor estratégico a largo plazo para asegurar su suministro nacional en un momento de gran volatilidad mundial.
Esta urgencia técnica por buscar alternativas seguras de abastecimiento responde al miedo global por los cortes de suministro provocados por el conflicto bélico que sacude actualmente a Oriente Medio y que sigue ahogando al mercado energético.
