El año 2026 pasará a la historia de BBVA como el ejercicio en el que su presidencia comenzó a caminar sobre el alambre. Pese a la aparente tranquilidad que dictan los resultados financieros, la gestión de Carlos Torres, presidente de la entidad, acumula una serie de grietas estructurales que amenazan la credibilidad corporativa y la soberanía del banco a largo plazo.
La macrooperación fallida sobre Banco Sabadell ha supuesto un revés reputacional sin precedentes tras la intentona de 2020. Aunque la revalorización de la acción ha blindado su cargo frente a los inversores institucionales, la sensación en el sector es que el dirigente sobrevive aferrado exclusivamente a la coyuntura de los tipos de interés. Mientras Josep Oliu, presidente del Sabadell, se consolida, Torres asume un desgaste personal evidente en una operación que, lejos de ser un golpe de fuerza, ha exhibido una preocupante debilidad estratégica.
El maquillaje corporativo de un comité de dirección inoperante
Para intentar recuperar la iniciativa y calmar los ánimos, el presidente activó en julio una purga disfrazada de renovación. La entidad comunicó a bombo y platillo una reestructuración de la primera línea ejecutiva que fulminó a los responsables de diez áreas críticas, desde la dirección financiera hasta la de Riesgos Globales. Sin embargo, fuentes internas confirman que, meses después del anuncio, este nuevo comité permanece paralizado.
Este intento fallido de reorganización expone una falta de liderazgo en la cúpula. La dirección ha sido incapaz de articular un modelo organizativo eficiente en un momento crítico en el que sus principales rivales avanzan con agresivos movimientos de crecimiento y consolidación.
OpenAI: la venta de la soberanía digital europea
La mayor sombra sobre la presidencia de Torres trasciende la gestión comercial y entra de lleno en la seguridad nacional. El pacto estratégico sellado en diciembre de 2025 con Sam Altman, CEO de OpenAI, se vendió mediáticamente como un salto pionero hacia la inteligencia artificial. La realidad es que el banco ha entregado las llaves de la caja fuerte a una potencia extranjera. Bajo el mandato de Torres, la información financiera y la privacidad de los clientes europeos pasan a depender de una infraestructura tecnológica sometida en exclusiva al marco jurídico norteamericano.
Como advirtió Fernando Cocho, analista de inteligencia, en una entrevista concedida a este mismo medio el pasado mes de diciembre, la alianza no rompe la dependencia tecnológica europea, sino que la consolida trágicamente. «Al confiar en OpenAI, BBVA pone en riesgo la potencia bancaria española», nos explicó entonces el experto, recordando que el secreto bancario español queda sometido a normativas como la Homeland Security de la nueva administración de Donald Trump, presidente de Estados Unidos.
Este movimiento es interpretado en los círculos de inteligencia como una simple maniobra de maquillaje corporativo destinada a tapar las graves carencias organizativas del banco. Al priorizar la modernización publicitaria frente a la protección real de los datos, la estrategia impulsada por Torres condena a la entidad a una dependencia estructural irreversible y debilita la posición de España en el tablero financiero internacional.
