Elon Musk, director ejecutivo de Tesla y SpaceX, ha confirmado que la integración de ambas compañías es «una buena idea» y que ya se han formado comités especiales formados por directores independientes para debatir las condiciones de la operación. La fusión crearía una corporación valorada en unos 3,5 billones de dólares, uniendo bajo una misma estructura los sectores de la inteligencia artificial, la robótica, las comunicaciones por satélite, el almacenamiento de energía y el transporte espacial.
El anuncio de estas conversaciones formales disparó las acciones de la empresa aeroespacial un 8% en las operaciones ampliadas, mientras que los títulos del fabricante de vehículos eléctricos subieron un 1,8%.
El auge de la inteligencia artificial y los centros de datos
La posible unión coincide con una profunda transformación financiera en la compañía aeroespacial. Durante el tercer trimestre, los ingresos de SpaceX aumentaron un 161% hasta alcanzar los 14.580 millones de dólares. Este crecimiento explosivo responde directamente al negocio de la inteligencia artificial, cuya facturación se multiplicó por diez hasta lograr 7.560 millones de dólares gracias al alquiler de capacidad de sus centros de datos a desarrolladores como Google y Anthropic.
Este giro comercial permitió a la corporación registrar un beneficio neto trimestral de 4.400 millones de dólares, superando ampliamente las expectativas del mercado. Para sostener esta expansión en infraestructura informática, los gastos de capital se triplicaron hasta los 19.600 millones de dólares en el trimestre, y Bret Johnsen, director financiero de la entidad, proyecta que esta cifra escale hasta la horquilla de los 35.000 a 40.000 millones de dólares para el cuarto trimestre.
Sinergias estructurales y el proyecto Terafab
El directivo argumenta que esta unión permitiría optimizar recursos para el desarrollo de software de superinteligencia y el diseño de microprocesadores. En este sentido, Terafab, la empresa conjunta de fabricación de chips de ambas entidades, producirá su primer semiconductor de prueba a mediados del próximo año y pretende alcanzar la producción en volumen en el tercer trimestre de 2028.
La fusión operativa simplificaría la toma de decisiones y potenciaría tecnologías complementarias. La constelación de satélites Starlink, que ya cuenta con 13,6 millones de suscriptores, proporcionaría enlaces de comunicación directa para los futuros robotaxis y los robots humanoides Optimus. Como contrapartida, los productos de almacenamiento de energía y las baterías de la firma automovilística respaldarían las crecientes necesidades eléctricas de los centros de datos de SpaceX.
Obstáculos geopolíticos y de gobernanza
La ejecución del acuerdo se enfrenta a complejos retos regulatorios y corporativos. Al ser una parte en conflicto por poseer casi una quinta parte de Tesla y poco menos de la mitad de SpaceX, el magnate no puede participar directamente en las conversaciones de los comités especiales y el acuerdo final requerirá la aprobación de los accionistas.
A nivel geopolítico, la entidad resultante concentraría riesgos estratégicos críticos. La nueva corporación combinaría los importantes contratos de defensa e inteligencia que SpaceX mantiene con el Gobierno de Estados Unidos con la fuerte dependencia comercial e industrial que Tesla tiene con China a través de su fábrica de Shanghái, una dualidad que podría provocar un intenso escrutinio regulatorio por parte de ambas potencias internacionales.
