La economía de la eurozona creció un 0,4% en el segundo trimestre respecto a los tres meses anteriores, según los datos publicados este viernes por Eurostat. El conjunto de la Unión Europea avanzó un 0,5%, a la espera de la revisión prevista para finales del verano. El bloque firma así su mejor trimestre del último año pese al conflicto entre Estados Unidos, Irán e Irak.
En tasa interanual, el producto interior bruto (PIB) subió un 1,0% en la zona del euro y un 1,2% en los Veintisiete. Son cifras muy superiores al 0,5% y al 0,8% del trimestre precedente. La economía del euro se había estancado hasta marzo, con un crecimiento del 0%, tras avanzar un 0,3% y un 0,2% en el tercer y el cuarto trimestre de 2025.
España vuelve a situarse entre las grandes economías más dinámicas del euro, con un alza del 0,7% trimestral, una décima más que en el periodo anterior, y del 2,7% en términos anuales. Alemania, la mayor economía del continente, se frenó hasta el 0,2%, después del 0,4% del primer trimestre. Francia e Italia también crecieron un 0,2%, con avances anuales del 0,7% y el 1,1%.
El efecto Irlanda distorsiona la foto
El empleo aumentó un 0,1% trimestral tanto en la eurozona como en la UE, con una tasa interanual del 0,5% en ambas áreas, según confirmó Eurostat.
Los economistas piden cautela con estos registros. «Los datos generales del PIB de la eurozona siguen estando significativamente distorsionados por los repuntes en los datos de Irlanda, conocidos por su influencia en la actividad contable de las multinacionales», escribió Bert Colijn, economista jefe para Países Bajos de ING Economics. La economía irlandesa cayó un 7% en el primer trimestre y rebotó un 3,9% entre abril y junio.
Descontado ese factor, el crecimiento del bloque se habría quedado en el 0,3%, «solo ligeramente superior al del primer trimestre», según Colijn. El economista califica ese ritmo de «sorprendentemente constante y aceptable» ante la incertidumbre, el impacto de los aranceles y la guerra.
La industria europea, mejor situada que la asiática
«Demuestra que los hogares y las empresas no han reducido mucho su gasto debido a la guerra de Irán», señaló Andrew Kenningham, economista jefe para Europa de Capital Economics.
Colijn sostiene que la industria europea parte con ventaja frente a la asiática. El encarecimiento de la energía golpea con más fuerza a Asia, principal destino del crudo del Golfo que atravesaba el estrecho de Ormuz, ahora cerrado. A ello suma el sostén de la inversión pública y el mayor gasto en defensa.
«El sector manufacturero mantiene una perspectiva positiva para la segunda mitad del año. Si bien los consumidores siguen mostrándose escépticos ante la situación en Oriente Medio, el aumento constante de los salarios ha servido de amortiguador ante el alza de los precios de la gasolina», apuntó el economista de ING.
Ambos analistas ven en el conflicto «un riesgo a la baja». « los próximos meses la eurozona seguirá capeando razonablemente bien el impacto de la crisis energética iraní», aseguró Kenningham. Capital Economics prevé un avance medio del 0,25% este año, mientras que ING evita dar una cifra y habla de un «crecimiento aceptable, aunque no espectacular».
