Una planta piloto instalada en Elche (Alicante) ya trabaja para convertir residuos industriales y biomasa en gas renovable. Detrás están Naturgy y Greene, socias en la iniciativa Waste to Biomethane (W2BM), según el comunicado que la energética hizo público este martes.
El equipo admite unos 10 kilos de residuo cada hora y su producto final es metano sintético. La tecnología que lo hace posible salió del trabajo conjunto de ambas compañías.
El punto de partida son materiales que no admiten reciclaje. La idea es darles un segundo uso como combustible renovable que, llegado el caso, pueda circular por la red de gas.
Calor, oxígeno medido y bacterias
El recorrido del residuo dentro de la instalación tiene tres etapas. Comienza con la pirólisis: el material se descompone por efecto del calor sin oxígeno de por medio.
Después llega la gasificación. Aquí la temperatura sube y entra en juego una dosis mínima de oxígeno, lo que da lugar a un gas de síntesis.
El tramo final es biológico. Unos microorganismos se encargan de convertir ese gas en metano mediante un proceso de metanación.
Los ensayos se alargan hasta diciembre
La instalación está todavía en pruebas. Los trabajos de ajuste del proceso ocuparán a sus responsables el resto del año.
Lo que se persigue con ellos es doble: elevar el rendimiento del sistema y llevar la pureza del metano hasta el 95% o por encima. Esa cifra es la que serviría para dar por buena la viabilidad técnica del método fuera del laboratorio, con la planta funcionando en condiciones reales.
