El fin de Next Generation: las pymes, grandes beneficiadas

España entra en la última fase del Plan de Recuperación con 78.000 millones recibidos y casi 1,5 millones de beneficiarios.
Imagen de una pyme destinataria de fondos Next Generation Imagen de una pyme destinataria de fondos Next Generation
Imagen de una pyme destinataria de fondos Next Generation :: Propós

Los fondos europeos Next Generation afrontan su última gran carrera en España. El país ha recibido ya alrededor de 78.000 millones de euros del Mecanismo de Recuperación y Resiliencia y el Gobierno calcula que los recursos han alcanzado a casi 1,5 millones de beneficiarios, de los que cerca del 68% son pymes y autónomos.

El balance permite poner el foco en uno de los principales objetivos del programa europeo: que el dinero llegue al tejido empresarial y, especialmente, a las compañías de menor tamaño. Sin embargo, la fotografía de la recta final presenta una segunda lectura: la ejecución se ha ralentizado y el calendario obliga a acelerar la llegada efectiva de los fondos a la economía.

Según los datos, la ejecución de los Next Generation se redujo un 9% durante el primer semestre del año, en un momento especialmente sensible porque el grueso del programa debe quedar comprometido antes del cierre de agosto.

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Las pymes concentran buena parte del impacto

El dato más significativo para el tejido empresarial es precisamente el peso de pymes y autónomos entre los beneficiarios. El Gobierno estima que representan el 68% del total, una proporción que sitúa a las pequeñas empresas en el centro de programas como el Kit Digital, que acumula casi 922.000 beneficiarios, o el Kit Consulting, utilizado por más de 23.000 profesionales y pequeñas y medianas empresas.

El alcance territorial también es relevante. El Kit Digital ha llegado, según el Ejecutivo, al 90% de los municipios españoles, convirtiéndose en uno de los ejemplos más visibles de cómo los fondos europeos han trasladado recursos a negocios de menor tamaño.

La financiación no se ha limitado a subvenciones para digitalización. También se han desplegado garantías financieras, programas de movilidad sostenible, inversiones energéticas y proyectos vinculados a la transformación industrial. En paralelo, los recursos europeos han permitido impulsar la Formación Profesional, con unas 400.000 nuevas plazas creadas, más de una cuarta parte vinculadas a ámbitos digitales.

El reto ya no es solo repartir, sino ejecutar

La llegada de los fondos a un número elevado de empresas supone un avance, pero el último tramo del programa plantea una cuestión distinta: cuánto de ese dinero se transforma realmente en inversión, productividad y crecimiento empresarial.

La ralentización del ritmo de ejecución adquiere especial importancia porque el calendario europeo no ofrece demasiado margen. El gasto asociado al mecanismo debe quedar comprometido en agosto y los Estados miembros tienen hasta el 30 de septiembre para presentar sus últimas solicitudes de desembolso. España acaba de recibir el sexto pago, por más de 6.200 millones de euros, y afronta ahora el último tramo del programa.

En total, España ha recibido unos 61.000 millones en transferencias y alrededor de 17.000 millones en créditos. El Gobierno calcula que la inyección acumulada del mecanismo superará los 100.000 millones durante el periodo 2021-2026.

El problema es que recibir los fondos de Bruselas y hacerlos llegar a la economía real son dos procesos diferentes. Entre ambos existe toda una cadena administrativa de convocatorias, adjudicaciones, proyectos, justificaciones y pagos que puede ralentizar la transformación de los recursos europeos en inversión empresarial.

La evolución reciente apunta precisamente a ese cuello de botella. Un análisis de Cotec e Ivie ya advertía de que el reto de ejecutar los recursos pendientes exigía elevar el ritmo respecto al registrado en años anteriores, especialmente en ámbitos como la I+D+i y la digitalización.

Del Kit Digital a la transformación estructural

El impacto sobre las pymes tampoco debería medirse únicamente por el número de beneficiarios. La verdadera prueba será comprobar si las ayudas permiten a las empresas ganar tamaño, productividad y capacidad para competir una vez desaparezca el paraguas financiero europeo.

El Kit Digital es un buen ejemplo de esta disyuntiva. La llegada de casi un millón de ayudas supone una extensión notable de las herramientas digitales entre autónomos y pequeñas empresas. Pero la digitalización subvencionada tendrá un impacto económico limitado si no se traduce en mejores procesos, mayor facturación, nuevos mercados o reducción de costes.

La misma lógica se aplica a la transición energética, la movilidad, la formación o la innovación. El objetivo de los Next Generation no era únicamente sostener la actividad tras la pandemia, sino elevar el potencial de crecimiento de la economía española.

Dos de cada tres euros del plan se han destinado a las transiciones verde y digital, según el balance del Ejecutivo. El desafío ahora consiste en que esa inversión deje capacidades permanentes en las empresas y no se quede en una sucesión de programas de ayudas con efectos temporales.

Un nuevo escenario para la financiación empresarial

La finalización del mecanismo europeo abre además una segunda etapa. El Gobierno ha puesto en marcha España Crece, un vehículo financiero dotado inicialmente con más de 13.000 millones de euros procedentes del propio programa europeo, con el objetivo de movilizar hasta 120.000 millones de inversión público-privada. Entre sus prioridades figuran la vivienda, la sostenibilidad y otros sectores estratégicos.

El cambio es relevante para las empresas: se pasa progresivamente de un modelo basado en grandes volúmenes de subvenciones a otro en el que la financiación y la colaboración público-privada tendrán mayor protagonismo.

Para las pymes, que han sido las principales receptoras de buena parte de los programas desplegados, el reto será aprovechar la infraestructura creada durante estos años para continuar invirtiendo sin depender de nuevas convocatorias extraordinarias.

La última carrera de los Next Generation

España encara así los últimos días del Plan de Recuperación con un balance ambivalente. Por un lado, 78.000 millones recibidos, 338 hitos y objetivos cumplidos y casi 1,5 millones de beneficiarios reflejan la magnitud de un programa sin precedentes.

Por otro, la ralentización de la ejecución en el primer semestre y la concentración de compromisos en los últimos meses evidencian la dificultad de absorber una cantidad tan elevada de recursos en un periodo limitado.

La última fase será, por tanto, menos una cuestión de anunciar nuevas ayudas y más de cerrar proyectos, ejecutar inversiones y demostrar resultados. Para las pymes y los autónomos, principales protagonistas del despliegue, la medida del éxito no estará tanto en cuántas ayudas se han concedido como en qué capacidad empresarial queda cuando los fondos europeos dejen de fluir.

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