El Banco Central Europeo (BCE) pidió a la Unión Europea que no repita con la inteligencia artificial el rezago acumulado en la primera oleada digital. El mensaje se lanzó desde el Foro Económico Mundial y llegó acompañado de un diagnóstico concreto: sin compañías capaces de ganar tamaño, la tecnología no alcanzará al conjunto de la economía.
«Ya hemos visto las consecuencias antes. No podemos permitirnos repetir esa experiencia con la IA, la segunda revolución digital», afirmó Christine Lagarde, presidenta del BCE.
El desembolso ya está en marcha. Las compañías de la zona euro calculan que este año destinarán en torno al 9% de toda su inversión a esta tecnología. Lagarde puso el foco en lo que viene después: si ese esfuerzo se propaga al resto del tejido productivo o se queda estancado.
Talento de sobra, escala insuficiente
La materia prima existe. Con apenas un 6% de los habitantes del planeta, el bloque comunitario reúne al 15% de quienes investigan en el mundo y firma casi una quinta parte de los trabajos científicos con más citas. Convertir ese caudal en negocio y lograr que las herramientas nuevas circulen deprisa entre las empresas es otra cuestión.
La primera traba, a juicio de la presidenta del BCE, está en un mercado interior todavía troceado. La rivalidad entre compañías se agota dentro de cada país, algo que rebaja el incentivo para incorporar tecnología.
Derribar esas fronteras internas llevaría la competencia y la innovación al terreno continental, defendió. El factor tamaño gana peso justo ahora, cuando la IA está redefiniendo de dónde procede el avance de la productividad.
La financiación se corta a mitad de camino
El segundo obstáculo tiene que ver con el dinero. Una empresa innovadora encuentra respaldo en sus primeros pasos, pero el hueco se ensancha cuando toca costear la expansión.
Las cifras del Banco Europeo de Inversiones lo ilustran. Durante el primer lustro, una firma en crecimiento del bloque y otra radicada en San Francisco reúnen importes equivalentes. Al llegar al décimo año, la europea acumula alrededor de un 50% menos.
Un 12% de esas compañías en expansión ha terminado mudándose fuera de la Unión, con Estados Unidos como destino mayoritario.
Bruselas maneja ya alguna respuesta. La etiqueta «EU Inc.» designa un tipo de sociedad único que permitiría registrar una empresa una sola vez y aplicarle las mismas normas en cualquier país del bloque. Los gobiernos europeos han asumido también el compromiso de acercar sus mercados de capitales.
