El Banco de la Reserva de Australia (RBA) ha decidido este martes apretar un poco más la soga monetaria sobre su economía. En una decisión unánime al término de su reunión de septiembre, la junta directiva ha acordado una subida de 25 puntos básicos, empujando el precio del dinero hasta el 4,60%. Esta cota, un máximo que el país no registraba desde hace quince años, supone el cuarto incremento del ejercicio y consolida un endurecimiento total de un punto porcentual durante el año.
La resistencia de la inflación subyacente
El regulador oceánico ha justificado el movimiento asumiendo que los riesgos alcistas han dejado de ser una simple amenaza teórica para materializarse de forma agresiva en el tejido productivo. La subida responde al enquistamiento de la inflación subyacente, que actualmente navega en un 3,6%, desbordando con margen la horquilla objetivo de la institución fijada entre el 2% y el 3%.
Las actas de la reunión señalan dos culpables claros detrás de esta resistencia de los precios: el encarecimiento sostenido de los costes energéticos y una preocupante debilidad en la productividad interna del país. Ambas variables continúan torpedeando los esfuerzos estructurales del banco central por enfriar el consumo y equilibrar la oferta.
El mercado descuenta nuevas restricciones
El mensaje emitido por la institución monetaria no deja espacio para la autocomplacencia. La junta ha advertido sin rodeos que está plenamente dispuesta a ejecutar nuevas subidas si la macroeconomía nacional no emite señales claras de estabilización.
Los inversores, que ya habían apostado masivamente por este incremento de un cuarto de punto, se preparan ahora para un horizonte de mayor asfixia financiera. Actualmente, los mercados de la región de Asia-Pacífico han ajustado sus previsiones operativas bajo el consenso de que el ciclo restrictivo aún no ha tocado techo, dando por descontado al menos un alza adicional antes de que concluya el año.
