El Instituto Nacional de Estadística (INE) confirma la pérdida de tracción estructural del País Vasco en el conjunto del Estado. Al cierre del último ejercicio, la aportación territorial a la riqueza nacional retrocedió hasta el 5,7%, marcando un mínimo histórico que contrasta drásticamente con el 6,3% registrado a principios de siglo. Esta contracción relativa responde a un crecimiento interanual limitado al 1,9%, siete décimas por debajo de la media nacional (2,6%) y solo por delante del registro contabilizado en Cantabria (1,7%).
Vulnerabilidad industrial y choque demográfico
El rezago autonómico obedece a una conjunción de debilidades estructurales y perturbaciones externas. La tradicional hegemonía productiva de la región ha perdido competitividad ante la parálisis macroeconómica de Alemania y Francia, sus mercados de exportación prioritarios. A este bloqueo exterior se suman la presión de la factura energética derivada del conflicto en Irán y la agresiva política arancelaria de la Administración Trump.
A nivel interno, el tejido productivo afronta un deterioro sistémico. El agudo envejecimiento demográfico, la lenta transición hacia sectores tecnológicos de alto valor añadido y la progresiva fuga de centros de decisión corporativa han mermado la capacidad de retención de talento. Este inmovilismo resta atractivo inversor a la región frente al dinamismo de polos financieros como Madrid, que avanza en sentido inverso y ya concentra el 20% del Producto Interior Bruto nacional.
El espejismo estadístico de la renta per cápita
Los expertos alertan de que esta inercia descendente amenaza la sostenibilidad a largo plazo del estado del bienestar autonómico y diluye el peso político del territorio en el marco estatal.
A pesar de este deterioro productivo, la región logra proyectar una apariencia de robustez estadística en su riqueza por habitante. El territorio conserva la segunda posición nacional con 42.492 euros per cápita, superado únicamente por los 47.220 euros de la Comunidad de Madrid. Sin embargo, el análisis macroeconómico evidencia que este ratio elevado se sostiene de forma artificial por el estancamiento del denominador (una población que envejece y retrocede) y no por un repunte real en la creación neta de riqueza empresarial.
