La resiliencia no es aguantar más: cómo construir entornos laborales que protejan la salud mental 

Inés Goñi, psicóloga de Quirónprevención, explica por qué la resiliencia no depende únicamente de la persona, sino también del entorno, las relaciones y la forma en que respondemos al estrés.
Trabajadores en una cadena de producción Trabajadores en una cadena de producción
Trabajadores en una cadena de producción :: The officer

La resiliencia se ha convertido en una de las palabras más utilizadas en el entorno laboral, aunque no siempre se entiende bien su significado. Desde la salud mental, no hace referencia a soportar más presión, aceptar cargas excesivas o seguir funcionando a cualquier coste. Tiene que ver con la forma en que atravesamos las dificultades, nos recuperamos tras ellas y seguimos adelante sin perder nuestro bienestar. 

Como explica la psicóloga de Quirónprevención Inés Goñi, la «resiliencia no consiste en aguantar más, sino en poder atravesar las dificultades sin perder la conexión con uno mismo, con los demás y con aquello que nos ayuda a recuperar el equilibrio».

En un contexto marcado por la incertidumbre, los cambios constantes y la elevada exigencia, promover la resiliencia implica mucho más que desarrollar habilidades individuales. También significa crear las condiciones para que pueda aparecer y sostenerse en el tiempo. 

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La mejor forma de entender la resiliencia es comprender cómo funcionan las personas cuando se sienten seguras o amenazadas. Considerarla únicamente como una capacidad individual solo cuenta una parte de la historia. La resiliencia también se construye a partir de la calidad de las relaciones, del apoyo disponible y de las condiciones del entorno. Solo cuando entendemos esta interacción cobra sentido hablar también del papel que desempeña nuestro sistema nervioso en la forma en que respondemos al estrés.  

Una respuesta ante la presión 

Actualmente muchas personas trabajan en contextos de alta exigencia, cambios constantes e incertidumbre. En este escenario, comprender qué significa realmente la resiliencia resulta especialmente importante. 

Cuando una persona permanece expuesta a niveles elevados de estrés durante un tiempo prolongado, es habitual que aparezcan señales como irritabilidad, bloqueo, dificultades para concentrarse, sensación de desconexión o agotamiento emocional. Estas respuestas no siempre reflejan una falta de capacidad para afrontar las dificultades; en muchas ocasiones son respuestas adaptativas de un sistema nervioso sometido a una exigencia mantenida. 

Como explica Inés Goñi, cuando las demandas superan durante un tiempo prolongado las oportunidades reales de recuperación y el apoyo disponible, aumenta el riesgo de que aparezcan síntomas de desgaste emocional que, con el tiempo, también pueden afectar a la motivación, la concentración, la toma de decisiones y al bienestar

Comprender estas respuestas desde una perspectiva de salud mental ayuda a evitar que toda la responsabilidad recaiga sobre la persona y permite reconocer que el contexto también forma parte de la prevención. 

El riesgo de normalizar la sobrecarga 

Las organizaciones pueden detectar señales de desgaste antes de que aparezcan problemas más graves. Cambios en el clima del equipo, conflictos más frecuentes, absentismo o personas que continúan desempeñando su trabajo mientras sostienen un elevado nivel de sobrecarga emocional son algunos indicadores a los que conviene prestar atención. 

«El objetivo no debería ser que las personas soporten cada vez más presión, sino favorecer entornos que permitan recuperarse del estrés de forma saludable». La resiliencia no puede utilizarse para justificar dinámicas laborales poco sostenibles ni para trasladar toda la responsabilidad al trabajador. 

Promover estrategias que favorezcan la regulación emocional y ofrecer espacios de apoyo puede resultar beneficioso, pero estas medidas son insuficientes si la organización mantiene cargas de trabajo excesivas, una comunicación deficiente o dinámicas que perpetúan el estrés. La salud mental en el trabajo requiere una responsabilidad compartida entre las personas y la organización

Liderazgo y cultura preventiva 

«No basta con enseñar estrategias para regular el estrés o las emociones. También es importante revisar dinámicas internas, cargas de trabajo, comunicación y cultura organizacional», explica Goñi. La salud emocional debe entenderse como una responsabilidad compartida entre la persona y el entorno laboral. 

Los líderes y mandos intermedios tienen un papel decisivo en esa prevención. «Muchas veces el bienestar emocional de un equipo se favorece cuando las personas se sienten escuchadas, validadas y acompañadas», subraya la psicóloga. Un liderazgo cercano, claro y humano puede reducir el impacto de los momentos de estrés o incertidumbre. 

Las medidas más eficaces no siempre requieren grandes estructuras. Favorecer descansos reales, una comunicación abierta, límites saludables, conciliación y espacios de apoyo permite fortalecer la resiliencia desde la prevención. También resulta esencial que pedir ayuda no se viva como un signo de debilidad. 

Productividad sostenible 

La resiliencia también se construye desde el sistema nervioso. Cuando una persona se siente segura y acompañada, resulta más fácil recuperar el equilibrio tras situaciones de estrés. Por eso, cuidar la salud mental no consiste únicamente en desarrollar estrategias individuales, sino también en construir entornos que favorezcan la regulación, el apoyo y la seguridad psicológica. 

Desde esta perspectiva, el burnout no suele responder a una falta de fortaleza personal, sino que con frecuencia es el resultado de una exposición prolongada a condiciones de elevada exigencia sin suficientes oportunidades para recuperarse, descansar y recibir apoyo. Prevenirlo no consiste únicamente en enseñar a las personas a resistir mejor el estrés, sino en crear condiciones que permitan al sistema nervioso salir de un estado de alerta mantenido y recuperar una sensación de seguridad. 

Construir culturas organizacionales basadas en la confianza, la comunicación y el apoyo permite prevenir mucho sufrimiento antes de que aparezcan problemas de salud mental. Solo así es posible crear las condiciones para que las personas puedan atravesar las dificultades sin perder el equilibrio, la conexión consigo mismas y con los demás, favoreciendo un bienestar y una productividad sostenibles en el tiempo. nos donde adaptarse no implique romperse.

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